EEUU y la UE cierran filas contra Bielorrusia y prometen sanciones ante la presión migratoria en Polonia

Borrell adelanta la nueva estrategia de seguridad europea con una fuerza de intervención rápida antes de 2025: "Europa está en peligro"

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El presidente estadounidense, Joe Biden, y la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, cerraron filas este miércoles contra Bielorrusia y prometieron imponer sanciones a ese país por la crisis de migrantes en la frontera con Polonia. En una reunión en la Casa Blanca, Biden y Von der Leyen hablaron sobre la llegada de miles de inmigrantes indocumentados, acompañados por efectivos de las fuerzas de seguridad bielorrusas, a la frontera con Polonia, que no les permite entrar en su territorio.

"(Biden y yo) compartimos absolutamente la conclusión de que este es un ataque híbrido de un régimen autoritario (bielorruso) para tratar de desestabilizar a sus vecinos democráticos, y de que no tendrá éxito", dijo Von der Leyen al concluir la reunión en la Casa Blanca, en declaraciones a la prensa.

Von der Leyen anunció que la UE ampliará sus sanciones contra Bielorrusia "muy rápido, a principios de la semana que viene", y que esas nuevas restricciones afectarán tanto a individuos como a entidades de ese país. Añadió que, según la información que ha recibido de la Casa Blanca, Estados Unidos también planea sancionar a Bielorrusia por lo ocurrido, y tendrá "en efecto" sus medidas contra ese país "a principios de diciembre" por el mismo tema.

En concreto, Biden y Von der Leyen acordaron examinar "la posibilidad de sancionar a aquellas aerolíneas que facilitan el tráfico de personas hacia Minsk, y después hacia la frontera de Bielorrusia con la UE", precisó la presidenta de la CE.

Biden no hizo declaraciones a la prensa antes ni después de la reunión, y hasta ahora, su Gobierno no se ha pronunciado oficialmente sobre la crisis entre Bielorrusia, Polonia y la UE. No obstante, Von der Leyen aseguró que el mandatario estadounidense comparte la postura de los Veintisiete y dijo que ambos acordaron "coordinar sus contactos con los países de origen" de los inmigrantes, en su mayoría kurdos procedentes de Siria e Irak. En esos contactos, Von der Leyen consideró necesario pedir que esos países "cuiden de sus ciudadanos, para que no caigan en la trampa" del régimen del presidente bielorruso, Aleksándr Lukashenko.

También destacó la necesidad de que "las agencias de Naciones Unidas tengan acceso a los migrantes en Bielorrusia", donde miles de ellos están en pleno invierno a la intemperie, sin calefacción, ni alimentos.

Los refugiados se encuentran en tierra de nadie, ya que Polonia aprobó medidas que permiten la expulsión por la fuerza de los inmigrantes irregulares, mientras Minsk derogó el acuerdo de readmisión con la UE y no les permite regresar a la capital.

Von der Leyen negó, sin embargo, que lo ocurrido se trate de una "crisis migratoria", y lo describió en cambio como un intento de Bielorrusia de "instrumentalizar a los migrantes" para desestabilizar a los países de la UE.

Mientras Biden y Von der Leyen se reunían en Washington, los ministros de Exteriores de Rusia y Bielorrusia se encontraron en Moscú y demostraron un frente unido en lo relativo a la crisis, al tiempo que el Kremlin negaba estar detrás de la llegada de los miles de inmigrantes irregulares.

"Hay que actuar con rapidez y decisión"

Al llamamiento del jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, advirtiendo de que "Europa está en peligro, se une la petición del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que se ha trasladado hasta Varsovia: "Hay que actuar con rapidez y decisión" en la crisis de la frontera polaco-bielorrusa, donde tiene lugar "un ataque híbrido, brutal, violento e indigno".

Michel se entrevistó con el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, quien a su vez destacó que no se trata "de una crisis migratoria, sino una crisis política desencadenada con el propósito especial de desestabilizar la situación en la UE".

Ambos líderes coincidieron en que el régimen de Aleksander Lukashenko es culpable de la situación en la frontera, donde se acumulan cientos de migrantes y se han registrado varios intentos violentos de pasar a territorio polaco de manera ilegal.

El llamamiento de Michel se une a la advertencia de Borrell, quien ha asegurado que la nueva política de defensa de Europa deberá contar con más capacidades para responder a nuevos desafíos como la guerra híbrida o cibernética y ser más flexible para poder actuar con más autonomía, según una propuesta presentada este miércoles por el jefe de la diplomacia comunitaria, quien considera necesario una fuerza de intervención rápida europea para hacer frente a situaciones como el reciente ataque híbrido de Bielorrusia.

“El punto de partida de la Brújula Estratégica -como se ha llamado al nuevo plan de seguridad europeo- es reconocer que Europa está en peligro. Afronta nuevas amenazas que no son solo militares o territoriales”, señala Borrell en un preámbulo a la nueva estrategia, que este miércoles compartió con sus colegas en la reunión semanal de la Comisión Europea antes de presentar el documento completo el próximo lunes a los ministros de Exteriores y Defensa de la Unión.

El alto representante de la UE para la Política Exterior alerta en el preámbulo de que la defensa de Europa “requerirá un nuevo e integral concepto de seguridad” y que “las tecnologías emergentes tendrán un impacto profundo en la guerra futura".

Borrell recibió en junio de 2020 el encargo de los líderes de la UE de preparar una “guía para la acción” en el ámbito de la defensa y, desde entonces, ha trabajado en el documento estrechamente con los Estados miembros.

Para desarrollarlo llevó a cabo junto a los servicios de inteligencia de los Veintisiete una evaluación de las amenazas actuales para la seguridad comunitaria, un documento concluido hace un año y que es clasificado.

Nos muestra que vivimos en un mundo mucho más hostil”, alertó Borrell en una conversación con un grupo de medios, entre ellos Efe, en la que avisó de que Europa debe actuar para evitar “encoger” a nivel estratégico. La propuesta de Borrell, que se espera quede aprobada para marzo de 2022, se centra en cuatro ejes: gestión de crisis, resiliencia, capacidades y asociaciones. “La UE quiere ser algo más que un poder blando”, recalcó.

Adaptarse a las misiones

Una de las principales novedades del proyecto es que los Estados miembros aúnen esfuerzos y creen antes de 2025 nuevas capacidades que les permitan movilizar “módulos interoperables” y cierto número de tropas con rapidez, unos 5.000 efectivos, señaló Borrell. “No es la fuerza lo que determina la misión, sino la misión la que determina la fuerza”, recalcó el político español.

Esta capacidad de despliegue rápido podría implementar “todas las misiones que están en los tratados”, que pueden incluir el “uso de la fuerza” y que abarcan la interposición entre fuerzas que estén combatiendo, dar seguridad a un aeropuerto o la evacuación de civiles.

Borrell dejó claro que esas fuerzas deben ejercitarse juntas regularmente, al contrario de lo que pasaba con los batallones que la UE impulsó en 2007 pero que nunca ha llegado a utilizar.

Espacio, el nuevo campo de batalla

Borrell ha pedido aunar en la misma caja de herramientas las diferentes iniciativas comunitarias contra ciberataques, interferencias extranjeras o intentos de manipulación.

Además, alertó de que el espacio será el nuevo campo de batalla y que serán esenciales cuatro ámbitos de acción: las plataformas navales no tripuladas, los sistemas aéreos de combate, las capacidades para observación de la tierra desde el espacio y los tanques de combate.

Propone además impulsar un centro de innovación dentro de la Agencia Europea de Defensa y desarrollar las asociaciones multilaterales con ONU y OTAN, pero también con socios naturales en escenarios específicos.

“No vean en este documento ningún tipo de crítica o confrontación con la OTAN. Nuestro esfuerzo es complementario”, dejó claro Borrell, quien defendió la “responsabilidad” europea con mejorar sus capacidades militares para contribuir también a la Alianza Atlántica.

La defensa territorial colectiva de Europa recae en la OTAN”, zanjó, pero señaló también que los tratados europeos no imponen ningún límite a las ambiciones de los Veintisiete en ese campo.

Agilizar decisiones

La Política Exterior y de Seguridad está en manos de los Estados miembros y se requiere unanimidad para lanzar operaciones bajo el sombrero de la UE, algo que tradicionalmente ha lastrado las acciones comunitarias.

“No se pide cambiar las reglas, abolir la unanimidad, porque sé que no es la mejor manera de actuar, porque abandonar la unanimidad requiere unanimidad, y eso no va a pasar, al menos no mañana”, reconoció Borrell.

Explicó que la unanimidad “será necesaria para lanzar una operación, pero una vez que esté decidida, los Estados miembros que quieran participar deberían poder actuar con cierto grado de flexibilidad”.

Así, señaló que en el actual marco institucional se debe tener en cuenta el artículo 44 del Tratado, que indica que el Consejo (países de la UE) "podrá encomendar la realización de una misión a un grupo de Estados miembros que lo deseen y que dispongan de las capacidades necesarias para tal misión".

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