INTERNACIONAL

Operación Puente de Londres, el funeral que Isabel II ideó para sí misma

Isabel II lo dejó todo atado y bien atado. Ella misma se encargó de organizar su propio funeral. Reina hasta el final. Sus exequias durarán por lo menos 12 días

Isabel II, en imagen de archivo

EUROPA PRESSIsabel II, en imagen de archivo

“El puente de Londres ha caído”. Con estas palabras el secretario personal de Isabel II anunciará el fallecimiento de su majestad a Liz Truss, la recién nombrada primera ministra británica y protagonista del último acto oficial de Isabel II. Inmediatamente después, se comunicará la pérdida a los 15 países de los que la Reina era jefa de Estado (como Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Jamaica, Barbados Papúa Nueva Guinea) y a los 36 de la Commonwealth para los que, a pesar de no serlo, la Reina es una figura de gran calado, países como India, Pakistán, Uganda, Nigeria o Camerún. Arranca la Operación Puente de Londres, que no es más que el funeral de Isabel II, el mayor funeral de la historia, por su pompa y su boato, una operación que llevaba en el cajón desde la década de los años 60, revisado en numerosas ocasiones y ensayado cada seis meses en los últimos años.

Habrá un tiempo en el que el resto de los mortales no sepamos de su fallecimiento. Los gobernadores generales, los embajadores y los primeros ministros, informados ya del fallecimiento abrirán sus armarios en busca de brazaletes negros, que deberán lucir en el brazo izquierdo y serán de tres pulgadas y cuarto de ancho.

Cuando la reina muera, el anuncio saldrá como una noticia de última hora para la Asociación de la Prensa y el resto de los medios de comunicación del mundo simultáneamente. En el mismo instante, un lacayo vestido de luto emergerá de una puerta en el Palacio de Buckingham, cruzará la grava de color rosa opaco y clavará un aviso de borde negro en las puertas. En ese instante, la web del palacio se transformará en una sola página en negro, mostrando el mismo texto sobre un fondo oscuro.

“Es con el mayor pesar que hacemos el siguiente anuncio”, dijo John Snagge, el presentador de la BBC que informó al mundo de muerte de Jorge VI. (La noticia se repitió siete veces, cada 15 minutos, y luego la BBC guardó silencio durante cinco horas). Según informa The Guardian “se usará un conjunto de palabras muy similar para la Reina”.

Isabel II lo dejó todo atado y bien atado. Ella misma se encargó de organizar su propio funeral. Reina hasta el final. Sus exequias durarán por lo menos 12 días. El día de su muerte será bautizado como el Día D en los manuales que contienen todo el protocolo y las instrucciones claras que su majestad dejó para su funeral. El día posterior a su muerte será el D+1. El siguiente, D+2, y así sucesivamente hasta el D+10, día de su funeral.

En esos días habrá proclamaciones rituales, una gira por cuatro naciones del nuevo rey, programas de televisión especiales y una reunión diplomática en Londres que no se veía desde la muerte de Winston Churchill en 1965.

El D+1, el día después de la muerte de la Reina, se izarán las banderas y, a las 11.00 horas, Carlos será proclamado rey. Está previsto que Carlos pronuncie su primer discurso como jefe de Estado la noche de la muerte de su madre. En ese momento conoceremos si reinará con el nombre de Carlos III o escoge otro apelativo con un sabor más regio.

Ritual escocés

La Operación Puente de Londres tenía previsto la muerte de la reina en todos los lugares posibles, incluso en Balmoral como así parece que será. Este fallecimiento obligará a desempolvar el ritual escocés. Primero, el cuerpo de la Reina reposará en su palacio más pequeño, en Holyroodhouse, en Edimburgo, custodiada por la Compañía Real de Arqueros. Luego, el ataúd será llevado por la Royal Mile hasta la catedral de St Giles, para un servicio de recepción, antes de subir a bordo del Royal Train en la estación de Waverley, donde el féretro real iniciará su último viaje por la línea principal de la costa este, lo que provocará que la multitud se aglutine en los pasos a nivel y en las plataformas de las estaciones a lo largo del país. Se espera que a su paso le arrojen flores y por ello otra locomotora seguirá detrás para limpiar los escombros de las vías.

De Buckingham a la abadía de Westminster

El ataúd de la reina regresará a la sala del trono del Palacio de Buckingham y, a su paso, el personal empleado por la Reina desde hace más de 50 años le rendirá pleitesía. En todo el país, las banderas bajarán y las campanas doblarán como lo hicieron en 1952 con motivo de la muerte de su padre Jorge VI.

Los Norfolk han supervisado los funerales reales desde 1672, así el decimoctavo duque de Norfolk, Edward Fitzalan-Howard, estará a cargo de las exequias y la oficina de Lord Chamberlain en el palacio será el centro de operaciones desde donde se controlará todo el operativo.

El día D+5 se celebrará la procesión desde el palacio de Buckingham hasta Westminster. Se llevará a cabo a lo largo de una ruta que recorrerá Londres y, si el tiempo acompaña, permitirá a los británicos rendir su último homenaje a la soberana más longeva de su historia. Tras la llegada del ataúd, se celebrará un servicio en Westminster Hall.

Del Día D +6 al Día D +9 el féretro de la reina permanecerá en el palacio de Westminster en una sala estará abierta al público durante 23 horas al día.

La despedida será el día D+10, la jornada en la que se celebrará el funeral de Estado en la abadía de Westminster en presencia de las testas coronadas del mundo además de los grandes mandatarios. Habrá dos minutos de silencio para toda la nación en torno al mediodía. Tras el último adiós, su cuerpo será enterrado en una tumba preparada en la cripta real de la capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, donde descansará junto a los restos de su esposo, Felipe de Edimburgo, fallecido en abril de 2021. ​

El coste del funeral en sí alcanzará varios cientos de millones de libras. El día del funeral y el de la coronación de Carlos de Inglaterra serán declarados días de fiesta nacional y, lamentablemente, provocarán pérdidas de entre mil y seis mil millones de libras cada uno. A esas pérdidas habría que añadir el quebranto provocado por el coste de la alteración del ritmo económico habitual del país durante un periodo que bien podría alcanzar lo que la reina denominó Puente de Londres, que no es más que una metáfora del tiempo que va desde su fallecimiento hasta la coronación del heredero, más o menos unos tres meses después.