Elecciones en Italia

Giorgia Meloni logra la victoria de la extrema derecha en Italia

Los italianos otorgan la mayoría absoluta a la coalición de Fratelli d’Italia, la Liga Norte y Forza Italia en unas elecciones con récord de abstención: un 36%

Giorgia Meloni celebra los resultados electorales logrados este domingo

EFEGiorgia Meloni celebra los resultados electorales logrados este domingo

Italia vira a la derecha. A la extrema derecha. El país despierta este lunes con un mapa teñido de azul, el color de la coalición de derechas. No cabe interpretación alguna: Fratelli d’Italia, La liga Norte y Forza Italia arrasan, superan la mayoría absoluta en el Parlamento y en el Senado y se lo deben Giorgia Meloni, que se convertirá con toda probabilidad en la primera mujer al frente del Consejo de Ministros.

“El mensaje de los italianos es claro: quieren un Gobierno guiado por Fratelli d’Italia”, proclamaba ella misma poco antes de las 3.00 de la madrugada, cuando el recuento se encontraba aún a medias. No corría riesgos. El final estaba tan claro como el que anunciaban desde hace semanas.

Efectivamente, la chica que con 15 años empezó a militar en el Movimiento Social Italiano, heredero neofascista del partido de Mussolini, para “intentar cambiar el país”, está a punto de hacer historia formando el primer Gobierno de extrema derecha desde el final del Duce.

El 26% de los votos tienen una cruz sobre su nombre o el símbolo de Fratelli d’Italia. Meloni ha logrado lo nunca visto, ha conseguido multiplicar por seis (¡por seis!) aquel 4% que parecía insuperable hace no tantos años.

Casualidades de la historia, dentro de poco más de un mes, el próximo 28 de octubre se cumplen 100 años de lo que se conoce como la Marcha sobre Roma, la manifestación del Partido Nacional Fascista que llevó a Mussolini al poder. “Hoy escribimos la historia”, había twitteado este 25 de septiembre la misma Meloni.

Récord de abstención

Las elecciones de este domingo dejan otro dato para la historia, el de la participación más baja de la democracia italiana: un 63,9%, casi 10 puntos por debajo de las últimas generales de 2018. La abstención supera el 36%.

La interpretación general en Italia es que la baja participación ha beneficiado a la derecha porque allí donde las profundas desigualdades sociales hacían augurar un buen resultado a los partidos más progresistas, 6 de cada 10 electores no ha acudido a los colegios electorales en provincias como Nápoles. En la región de Calabria, aún menos. La participación se ha quedado en el 36,9%.

Con todo, Giuseppe Conte, el líder del Movimiento 5 Estrellas es uno de los que debe al sur su salida más que airosa de la cita electoral. Le daban por muerto al inicio de la campaña después de ser el primero en provocar la caída del Gobierno de Mario Draghi, que a su vez ha provocado la celebración de estas elecciones.

Es más, con su 15% de los votos a favor de su partido, se le considera el segundo ganador después de Meloni porque es el único que consigue teñir de amarillo una esquina del mapa. Conte ha conseguido dar la vuelta a las previsiones con un discurso social basado en el mantenimiento del denominado “reddito di cittadinanza”, una suerte de subsidio social para ayudar a quienes no encuentran trabajo (el importe máximo es de 780 euros). El 70% de quienes lo cobran reside en el sur de Italia.

Desde luego ha sido mucho más eficaz que Enrico Letta, el líder del PD y uno de los claros perdedores de las elecciones. A pesar de obtener el segundo mejor resultado, con el 19% de los votos, cualquier resultado por debajo del 20% se considera un fracaso para un partido que no consigue levantar cabeza.

Se le ha criticado el exceso de moderación en sus propuestas. Muchos de los históricos del PD le han recriminado por olvidarse de las esencias de la izquierda, las señas de identidad que Letta intentó recuperar sin éxito al final de la campaña con la reivindicación de los derechos civiles.

A Letta, le reprochan también que no haya sido capaz de llegar a acuerdos para presentar una coalición de centro izquierda, un acuerdo con otros partidos progresistas para hacer frente al ‘huracán Meloni’. De hecho, con los pequeños partidos que habían aceptado sumar sus votos a los del PD, suponen solo el 26% del total.

Ya la noche del domingo, algunos de los barones reclamaban la convocatoria de un congreso. Y han bastado unas horas para que empiecen a sonar los nombres de posibles sustitutos. El aludido comparecerá ante los periodistas la mañana de este lunes.

Dos congresos a la vista

Otro de los perdedores claros es Matteo Salvini, con muchas posibilidades de terminar también esta aventura con un congreso de su partido. Forma parte del equipo ganador, cierto, pero sus resultados dejan mucho que desear y en su caso necesitaba superar el 10% para evitar poner en peligro su liderazgo al frente de la Liga Norte.

Salvini se ha quedado a pocas décimas del 9%, pero lo peor para él es que su partido ha perdido la hegemonía en su casa. Fratelli d’Italia le doble en votos en regiones como la del Veneto, la cuna del movimiento independentista que dio origen a la Liga Norte de Bossi. No será fácil que se lo perdonen.

Cae también en votos Forza Italia de Berlusconi, pero él a sus 86 años no tiene nada que temer porque aunque se haya quedado por debajo de sus previsiones, con un 8% de los votos, es el jefe de una formación absolutamente personalista y sin sucesor claro. Si él se va, desaparece el partido. Y le basta permanecer en la coalición de Gobierno para satisfacer sus principal objetivo en estas elecciones, que era volver al poder y obtener la presidencia del Senado.

Con estos números es difícil que el presidente de la República, Sergio Mattarella , decida encargar la formación de Gobierno a algún otro candidato. La Constitución le permitiría hacerlo en caso de que se demostrara que el ascenso de Meloni al frente del Consejo de Ministros pudiera provocar una catástrofe económica para el país, por ejemplo. Pero es más que improbable que lo haga por razones democráticas obvias.

Si con 28 años fue la diputada más joven del 2006 y con 31, la ministra más joven con la cartera de Juventud en el Gobierno de Berlusconi de 2008, ahora sumará otro título a su currículo porque será la primera mujer al frente del Consejo de Ministros. Cuenta con las garantías que le da el control de ambas Cámaras.

Entre Fratelli d’Italia, Forza Italia y la Liga Norte superan el 44% de los votos, que se traducirán en al menos 232 escaños de los 400 del Parlamento, muy por encima de los 201 que marcaban la mayoría absoluta. Y han obtenido también el control del Senado.

Se salva de la quema, otro de los ‘enemigos’ de Letta, el ex primer ministro Matteo Renzi, unido al ex ministro de economía Carlo Calenda en la coalición Terzo Polo. Han alcanzado el 7,3% de los escaños, por debajo del 10% anhelado. La victoria de Renzi es “mandar a casa” a Letta, como ha deseado públicamente en más de una ocasión.

Orgullo italiano

Este lunes se sucederán las interpretaciones de cada líder. Meloni ya adelantaba algo la madrugada del lunes: “Estamos en el punto de partida, desde mañana tenemos que demostrar nuestra responsabilidad. Italia nos ha elegido y nosotros no la traicionaremos. Gobernaremos para todos los italianos con el objetivo de unir este pueblo”.

A pesar del entusiasmo evidente, también Meloni ha reconocido su preocupación por la alta abstención y ha anunciado que entre sus objetivos se encontrará hacer “que los italianos recuperen la confianza en sus instituciones, haremos que los italianos vuelvan a estar orgullosos de serlo”.

Lo que es seguro es que en Italia no ha surtido efecto bandera del miedo enarbolada por la izquierda, la llamada al voto útil o los temores que advertían desde Bruselas o Alemania de las consecuencias de un terremoto político en el país transalpino.

Meloni hablaba el mismo domingo de que la situación en Italia y en Europa necesitan “una discusión democrática en un clima sereno”. Contenta, pero comedida, sin aspavientos. Todos, dentro y fuera del país esperan ahora sus primeros movimientos a la espera de comprobar si los temores de Bruselas y los defensores de los derechos civiles eran justificados.

Ella se ha desgañitado durante la campaña para conjurar los miedos internacionales y garantizar su europeísmo y su atlantismo. Sin embargo, bastaron los primeros sondeos a pie de urna para que la derecha italiana recibiera las primeras felicitaciones de sus socios en Europa. Las de Marin Le Pen, en Francia, las de Víctor Orbán, en Hungría, las de el presidente polaco Andrzej Duda y, naturalmente, las de Santiago Abascal, el líder de Vox, a quien Meloni ya le ha augurado que espera que su victoria le abra el camino al poder en España.

Sobre el autor de esta publicación

Isabel Longhi-Bracaglia

Isabel Longhi-Bracaglia (Madrid, 1968) es periodista. Comenzó a ejercer convencida de la importancia de la información local en varios medios hace más de 30 años (Efe, Onda Cero, Telemadrid y El Mundo). En este diario, se especializó primero en temas sociales, en temas de comunicación después y en información internacional al final, antes de decidir mudarse a vivir a Italia. Desde allí, observa y cuenta en Republica.com lo que ocurre en este país, que la fascina.