Los 'Coyotes', inmunes a las políticas migratorias de Estados Unidos

Un camión abandonado en Texas hizo saltar de nuevo las alarmas de los agentes de fronteras estadounidenses: más de 50 personas murieron en su intento de pasar la frontera.

TwitterMás de 50 migrantes muertos en un camión abandonado en Texas

Un camión abandonado en Texas hizo saltar de nuevo las alarmas de los agentes de fronteras y aduanas estadounidenses, la temida migra en el argot de las comunidades hispanas, la tarde del pasado lunes. Se acababa de recibir el aviso de un vecino que escuchó gritos de socorro procedentes del interior del remolque y en la memoria de los agentes aún rondaba la imagen del tráiler que en 2017 apareció estacionado en San Antonio frente a una tienda de la cadena Walmart, símbolo del acomodado nivel de vida occidental, con los cadáveres de quienes tras apostarlo todo en ese fatídico viaje, habían perdido en él incluso la vida.

Tampoco aquella fue la primera vez que los curtidos agentes fronterizos se topaban con un vehículo transformado en macabro ataúd al tiempo que circulaba por las impolutas carreteras de su país y, por desgracia, a ninguno de ellos se le pasó por la cabeza la idea de que pudiera ser el último.

De modo que esa tarde, en el desértico estado sureño que vive estos días una ola de calor y los termómetros sobrepasan con creces los 38 grados, todos, no solo la policía, imaginaron de inmediato la escena que encontrarían en el vehículo varado en un camino poco transitado cerca de la Interestatal 35, una de las principales vías de comunicación y comercio entre México y Estados Unidos.

Los muertos

También de tráfico ilegal de seres humanos. Cuando abrieron las puertas del tráiler, decenas de inmigrantes ya habían muerto y el resto, entre quince y veinte, cuatro de ellos niños, fueron trasladados en estado grave a los hospitales. El balance de fallecidos daba cuenta de la enésima tragedia humanitaria: un total de 50 personas perdieron la vida en las entrañas de un camión, sin aire acondicionado ni agua, intentando alcanzar la "tierra prometida".

La policía inició de inmediato la búsqueda del conductor "desaparecido" en las inmediaciones de los pasos fronterizos más cercanos: Del Río, a 250 kilómetros de San Antonio; Eagle Pass, a 230 kilómetros del lugar donde se encontró el vehículo. Ambos pasos forman parte de las rutas habituales que llevan años utilizando los coyotes, la poderosa mafia que cobra sumas desorbitadas a cambio de facilitar la entrada ilegal a los inmigrantes y cuya historia se remonta a la década de 1950 con un origen que, en realidad, no se diferencia demasiado del nacimiento de otras mafias, como la siciliana. Ambas, cada una a su manera, empezaron dando apoyo, económico o de cualquier otro tipo, a quienes lo pedían dirigiéndose al vecino "más respetado" de la comunidad; favores esporádicos que "ya se saldarían" en el futuro, cuando un día se les pidiera "algo" a cambio.

Los "fundadores", simples lugareños de estados fronterizos como Tijuana, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo

Así eran los primeros coyotes, orgullosos de su apelativo en homenaje al animal salvaje de aquellas tierras semidesérticas y que, al igual que ellos, actúan con nocturnidad y en manada. Los "fundadores", simples lugareños de estados fronterizos como Tijuana, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo, conocían tan bien la zona que solían ayudar a cruzar la agreste frontera de 3.185 kilómetros que transcurre a lo largo del Río Bravo, también llamado Río Grande, y atraviesa los inhóspitos desiertos de Sonora y Chihuahua. No imaginaron que sus descendientes heredarían lo que se convirtió en inagotable mina de oro -es la frontera con mayor número de "cruces ilegales" del mundo-, pero lo cierto es que desde entonces, generación tras generación, los ‘coyotes’ no han dejado de "prosperar", reinventándose ágilmente para adaptarse a cualquier situación.

Por ejemplo, cada vez, que se endurece la política migratoria del país vecino. Además, es en la propia imposibilidad de lograr algo por uno mismo donde nace la necesidad de acudir a quien, por cualquier medio, nos lleve a alcanzar el anhelado objetivo. Nunca han faltado, ni faltarán, personas que contraten los servicios de los ‘coyotes’, cuyas tarifas varían en función de diversos factores, incluida la nacionalidad del cliente, y siempre habrá alguna que se ajuste a sus posibilidades. Por lo general, el precio por cruzar a través de una ruta corta y segura, es decir por zonas pobladas, resulta inasumible para la mayoría de quienes contratan sus servicios con la precaución de no hipotecarse de por vida con banqueros tan poco recomendables. Sin embargo esto nunca supondrá el fracaso de las negociaciones con los ‘coyotes’, cuyo éxito también reside en la amplitud de su oferta y, por supuesto, en las dimensiones de una frontera que permite un infinito número de posibilidades para cruzar sin ser vistos.

Las tarifas

Para las tarifas más económicas, los coyotes tienen previstas otras rutas que, eso sí, incrementan los riesgos que ha de asumir “el cliente”: atravesar corriendo el gigantesco río de traicioneras piedras o cruzar por interminables cerros en trayectos que pueden durar varios días. Las decenas de inmigrantes fallecidos cada año a causa del agotamiento, del hambre o la sed, también por el frío que trae la noche o como consecuencia de accidentes y picaduras de víboras o escorpiones, demuestran la desesperación de quienes pagan por afrontar tan incierto viaje.

Sin embargo, los solitarios huesos que aparecen entre la arena pulidos por los buitres, no impresionan tanto como la imagen de cadáveres hacinados en el interior de un tráiler abandonado en la cuneta de una carretera o un área de servicio ya en territorio estadounidense. Porque a la dureza de la travesía que, por otra parte, los inmigrantes realizan siguiendo las instrucciones del coyote de turno -si la tarifa es de las más baratas, los "empresarios" no se arriesgan y esperan al otro lado-, hay que sumar la falta de aire o exceso de temperatura en el interior del medio de transporte que habrá de llevarles a poblaciones más grandes donde pasar desapercibidos.

Por otra parte, en Estados Unidos, esta última tragedia ha irrumpido en uno de los peores momentos de la crisis política en relación a sus fronteras que vive la administración Biden desde que el pasado 1 de abril anunciara la derogación del llamado Título 42. La medida establecida por Donald Trump autorizaba, por razones de salud pública debidas a la pandemia, la expulsión inmediata de migrantes indocumentados. En vigor desde el 20 de marzo de 2020 y posteriormente prorrogada en diversas ocasiones, también bajo el mandato de Joe Biden, la aplicación del Título 42 significaba que los migrantes que llegaban a Estados Unidos para pedir asilo o cualquier otra protección de carácter humanitario no tuvieran siquiera la oportunidad de presentar sus casos ante un juez de inmigración y esperar el correspondiente veredicto.

Una familia de migrantes haitianos cruzan de manera ilegal la frontera norte el 24 de mayo de 2022, en ciudad Juárez, Chihuahua (México).

La realidad demostró, sin embargo, que incluso con tan drástica restricción en vigor, los ‘coyotes’ podían continuar con su lucrativo negocio sin experimentar pérdidas significativas. No solo aprovecharon la ocasión para aumentar los precios - se habían convertido en la única oferta existente en el mercado para cruzar la frontera –, también lanzaron uno de sus actuales “productos estrella”: paquetes que incluyen tres intentos de entrar en el país vecino, pensado especialmente para aquellos que tienen la mala suerte de ser deportados nada más entrar. Aún así, en Estados Unidos muchos han seguido viendo en la aplicación del Título 42 la medida definitiva para acabar con la inmigración ilegal y, a su vez, con los coyotes. Según datos oficiales, la estrategia "sanitaria" de Trump permitió que se enviaran de regreso a México o a sus países de origen a 1,7 millones de migrantes.

'Di no al coyote'

El propio Joe Biden retrasó casi un año el anuncio de su derogación por temor a que provocara una avalancha de indocumentados y, por primera vez, se puso en marcha una campaña a gran escala con el lema Di no al coyote, dirigida a los migrantes centroamericanos que intentan entrar en el país de manera ilegal. "No se dejen engañar, las fronteras estadounidenses no están abiertas y seguimos aplicando la ley migratoria", fue uno los mensajes más repetidos por las autoridades migratorias estadounidenses, que enseguida tuvieron su réplica por parte de los traficantes. Las redes sociales se inundaron de publicaciones que aseguraban todo lo contrario e incluso se permitieron utilizar la imagen del propio mandatario estadounidense en sus carteles publicitarios, echando más leña al fuego interno al que se ha visto enfrentado.

Porque, esperado o no, su anuncio originó además un encendido debate sobre si aquel era el momento adecuado para levantar la prohibición y si los funcionarios estarían preparados para manejar el posible incremento de inmigrantes en la frontera. Las comunidades fronterizas, por su parte, no tardaron en declarar la guerra a la decisión de Biden y en sus filas se alistaron de inmediato los legisladores republicanos que se postulan para la reelección del próximo otoño. Una muestra más de que la paradoja política siempre pasa de puntillas, porque esos mismos republicanos que llevaban meses insistiendo en la importancia de terminar con las restricciones pandémicas ahora tildaban de peligroso error sanitario el cese del Título 42. Arizona, Louisiana y Missouri llevaron su lucha a los tribunales, argumentando que no se habían seguido los procedimientos adecuados a la hora de anunciar el fin del 42 y, desde entonces, más de una docena de estados, en su mayoría liderados por el Partido Republicano, fueron sumándose a la demanda.

Y, de pronto, en un tribunal a 800 kilómetros de la frontera el juez Robert Summerhays, del distrito oeste de Luisiana, resolvió que la medida debía mantenerse para proteger a los Estados de Arizona, Luisiana y Misuri y otros 21 bastiones conservadores. Según el magistrado, su levantamiento violaría una ley federal de procedimiento administrativo, ya que no se tuvo en cuenta a los gobiernos locales en el plan que ponía fin a la norma el 23 de mayo. Un nuevo varapalo (judicial) para Biden en su política migratoria que, de acuerdo con los sondeos de Real Clear Politics, el 59% de los estadounidenses desaprueba.

Incluso los sectores moderados de su propio partido han criticado que se tome la decisión en un año electoral y cuando la frontera registra tan altos flujos migratorios. En primavera y en el inicio del verano se produce siempre un incremento de entrada de inmigrantes indocumentados, pero este año está batiendo todos los récords, por encima de los niveles que ya fueron de récord del año pasado. Los arrestos efectuados por la policía de fronteras van camino de superar el umbral de los dos millones, es decir por encima de los antes mencionados 1,7 millones de 2021. Solo en mayo, la policía detuvo a 240.000 inmigrantes, batiendo otro récord histórico. Las fronteras, epicentro de grandes debates políticos en muchos países, son también el lugar donde miles de personas emprenden un viaje que, quizás, no tenga marcha atrás. Resulta escalofriante pensarlo, pero seguirán intentándolo.

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