La paradoja electoral de Salvini

El líder de la Liga Norte se ve ya vencedor de las elecciones como parte de la coalición de derechas, pero la anunciada pérdida de votos de su partido en los sondeos lo ha debilitado mucho

El líder de la Liga Norte, Mateo Salvini

EFEEl líder de la Liga Norte, Mateo Salvini

Mateo Salvini se encuentra frente a una paradoja: si se cumplen los sondeos, tras el próximo domingo, el líder de la Liga Norte será un ganador y un perdedor. Todo al mismo tiempo. Su partido es parte de la coalición de derechas que los pronósticos señalan como vencedora absoluta en las urnas, pero es también uno de los que perderán más votos, a decir de las encuestas. Y si la formación ultranacionalista cae como se anuncia, todos señalarán a un solo culpable.

La situación es tan evidente que no hay tertulia política en la que no se dé por casi finiquitada su carrera como líder del Carroccio (el símbolo de la Liga Norte). Por más que su homóloga francesa Marine Le Pen le envíe mensajes de apoyo como el recibido este lunes (“¡Todavía y siempre contigo!”), él sabe bien lo que está ocurriendo. Como sabe que lo único que puede salvarle son las urnas y que para cumplir su objetivo debería restar votos a quien (de momento en teoría) se los ha quitado: su aliada en la coalición, la favorita de todas las apuestas, la líder de Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni.

De ahí que en lo que ya es la cuenta atrás para las elecciones generales del próximo 25 de septiembre, Mateo Salvini haya endurecido el discurso, recuperado ambiciones históricas de la formación ultranacionalista y discrepado públicamente con Meloni. Ella misma reconocía abiertamente su “sorpresa” hace unos días ante las “discrepancias de Salvini con sus aliados en lugar de contra los adversarios comunes”.

La causa de la controversia que Salvini ha puesto sobre la mesa se centra en la necesidad de aumentar la deuda pública en 30.000 millones de euros para ayudar a las familias y empresas a pagar las facturas de la luz y el gas en plena crisis energética. Sus rivales electorales se han apresurado a rechazar tal posibilidad, pero también sus aliados. La primera, Giorgia Meloni, que no quiere ni oír hablar de incrementar el endeudamiento “porque eso lo tendrán que pagar nuestros hijos”.

Hasta el mismo Mario Draghi, que se había mantenido al margen de la campaña electoral hasta hace unos días, se ha apresurado a aclarar que no se pueden modificar las previsiones porque el país se juega las ayudas europeas (en total 221.000 millones de euros repartidos en diversos pagos hasta el 2026).

El aludido no responde a los críticos con su estrategia económica y social, pero sí a quienes han comenzado a ver un serio riesgo de inestabilidad política en un hipotético Gobierno de coalición entre Fratelli d’Italia, la Liga Norte y Forza Italia, que se presentan unidos a las elecciones. Salvini repite como un mantra estos días que la coalición resistirá unida otros cinco años después del próximo domingo para ofrecer “un Gobierno estable y duradero a los italianos”.

La autonomía lombarda

Lo ha dicho también ante los suyos en lo que el pasado fin de semana fue la recuperación tras la pandemia de Covid de la tradicional fiesta de Pontida, el lugar emblema de la Liga Norte, donde los diferentes ejércitos de la región lombarda aparcaron sus peleas y firmaron en 1167 un juramento de lealtad para aliarse contra Federico Barbaroja. Entonces vencieron contra el Sacro Imperio Romano.

Ahora, a juzgar por lo visto y oído, los ‘leguistas’ no han perdido el espíritu de lucha, de rebelión. Lo que no está claro es quién es el enemigo. Entre las decenas de miles de asistentes a la fiesta, muchos reconocían ante micrófonos y cámaras que, en lo que siempre han sido los dominios de la Liga, la líder de Fratelli d’Italia les dobla en intención de voto. Y que eso no les gusta.

“Yo no veo a Salvini al timón de la Liga después de las elecciones. Ha perdido votos y continuará perdiendo”, se lamentaba una de las asistentes . “¡No es posible que una Meloni pase a Salvini y menos aún en Lombardía!”. “Si la Liga vuelve a ser la Liga, recuperamos el último resultado”, auguraba otro militante. “Hay que volver los orígenes”.

“En Veneto llevamos 50 años hablando de ser padrones en nuestra casa”, clamaba entre aplausos el gobernador de la región veneta Luca Zaia. “Para nosotros la autonomía está antes de nada, es una prioridad y bien vale la puesta en discusión de un Gobierno”, advertía quien es considerado el eterno rival de Salvini para liderar la Liga Norte. “Se puede hacer caer un Gobierno por esto”.

El tema no había salido hasta ahora en la campaña electoral porque abre un debate territorial que recuerda la ancestral reclamación de independencia con la que nació en 1989, de la unión de varios partidos regionales, la Liga Norte. Después se hizo partido nacional y la cosa se diluyó, pero no ha desparecido. Ni mucho menos, como ha demostrado Zaia, que como muchos otros pesos pesados del partido, consideran el reconocimiento de su autonomía respecto al resto del país una condición para gobernar con Fratelli d’Italia y Forza Italia.

Bastaron unos minutos para escuchar a Salvini garantizar que él se ocupará de todo, que lo que definió como “autonomía reforzada”, contemplada por la Constitución como una herramienta para conceder más recursos y más independencia en la gestión a una región, será una de los puntos innegociables para formar el nuevo Gobierno.

La promesa no le hará ganar seguramente votos en el sur del país, pero eso ahora no importa porque no es lo que arriesga. Necesita contener las presiones internas que lo empujan hacia el precipicio. “Lo vemos todo igual Giorgia (Meloni), Silvio (Berlusconi) y yo y gobernaremos durante cinco años; nada de bromas, nada de cambio del programa, de cambio de chaqueta, lo que hay en el programa es sagrado y lo llevaremos hasta sus últimas consecuencias”, aseguró el domingo pasado Salvini a los suyos.

Eso y que cerrará las fronteras a la inmigración irregular y los puertos italianos a los barcos de las ONG que les rescatan en el Mediterráneo, otra reivindicación clásica de esta formación. En total enumeró seis puntos que estos días se convertirán en lo bautizado ya como “los seis mandamientos de Mateo”.

Añade el endeudamiento para hacer frente al aumento de las facturas de la luz y el gas (mal que le pese a sus aliados), la flat tax (tarifa plana) del 15% en los impuestos para las empresas primero y después para todos los italianos, un cambio en los requisitos de jubilación para adelantar la edad para cobrar la pensión y una “Justicia justa”.

Hungría sacude la campaña

En lo que Salvini parece no disentir con Meloni es en la defensa del presidente húngaro, Víctor Orbán. Los diputados de sus respectivas formaciones en la Unión Europea han votado contra las sanciones en su contra y la líder de Fratelli d’Italia se ha apresurado a defenderlo “porque Hungría es una democracia y él ha sido elegido democráticamente”.

Después de meses de discursos para mostrar una imagen más europeísta, para evitar la desconfianza internacional, para conjurar el discurso del miedo y las acusaciones de filofascista, ésta ha sido la primera vez desde que comenzó la campaña en que Meloni se encuentra en dificultades.

Draghi mismo ha subrayado la importancia de los aliados europeos para Italia. “Nosotros tenemos una cierta visión de Europa, nuestros aliados son países que defienden el estado de derecho: Francia, Alemania… Deberíamos preguntarnos cuáles son los aliados que nos ayudan a proteger mejor los intereses de los italianos, cuáles son los que tienen más peso”, ha destacado antes los periodistas, para zanjar: “respondeos vosotros mismos”.

Precisamente, este lunes el candidato y líder del PD, Enrico Letta se hacía la foto en Alemania con su primer ministro Scholz y volvía a casa con el apoyo declarado del SPD: “Mejor que gane Letta que la posfascista de Meloni, que podría llevar a Italia por una dirección equivocada”.

La defensa del presidente húngaro, con el que Meloni tiene una larga colección de encuentros, abrazos y selfies, ha dado también un respiro a sus contrincantes electorales, que no desaprovechan ocasión para subrayar que Orbán está esperando la ayuda de Meloni si los italianos la llevan hasta el Gobierno. “Mussolini también fue elegido en las urnas, pero no era demócrata”, le ha recordado Enrico Letta.

Hasta uno de sus aliados en la coalición de derechas, Silvio Berlusconi, se ha posicionado contra Hungría sin fisuras, hasta el punto de asegurar que Forza Italia solo sostendrá un Gobierno “de una coalición atlantista, europeísta, cristiana y liberal”.

“Orbán decidirá lo que elige hacer, pero yo no hago lo que dice Orbán”, ha declarado la líder de Fratelli d’Italia en un intento de calmar los ánimos. “Yo no hago nada de lo que dice ninguno. Yo solo miro en interés nacional italiano”.

Se desconoce la traducción en número e votos de la irrupción de Hungría en la campaña porque la ley electoral italiana prohíbe la difusión de encuestas desde el pasado 14 de septiembre. Las últimas publicadas daban algo más de un 25% de los votos a Meloni, un 10% a la Liga Norte y un 9% a Forza Italia, frente al 20% del Partido Democrático (PD) y el 14,5% del Movimiento 5 Estrellas.

Sobre el autor de esta publicación

Isabel Longhi-Bracaglia

Isabel Longhi-Bracaglia (Madrid, 1968) es periodista. Comenzó a ejercer convencida de la importancia de la información local en varios medios hace mas de 30 años (Efe, Onda Cero, Telemadrid y El Mundo). En este diario, se especializó primero en temas sociales, en temas de comunicación después y en información internacional al final, antes de decidir mudarse a vivir a Italia. Desde allí, observa y cuenta en Republica.com lo que ocurre en este país, que la fascina.