La izquierda italiana se encomienda al sur del país en busca del milagro

Los partidos progresistas concentran sus esfuerzos en las regiones donde el resultado parece más abierto para dar la vuelta a los sondeos. El líder del PD ha organizado la “operación remontada” con conexiones matutinas para motivar a sus candidatos con la esperanza de recabar votos entre el 42% de indecisos

El líder del Partido Democrático, Enrico Letta

EFEEl líder del Partido Democrático, Enrico Letta

Últimos días, se acaba el tiempo. El domingo se vota en Italia y, a decir de los sondeos, la izquierda parece tenerlo todo en contra para ganar. Pero no se rinde. Y se encomienda al sur del país en busca del milagro, allí donde las mismas encuestas dicen que no está todo decidido, que hay varios escaños que podrían dar la sorpresa el 25 de septiembre.

“Los sondeos se han equivocado otras veces”, advierte el líder del Partido Democrático, Enrico Letta, el mejor colocado al lado de los progresistas para hacer frente a la gran favorita, Giorgia Meloni, la líder de Fratelli d’Italia, el partido de extrema derecha. Los separan cinco puntos en intención de voto. No es poco, pero tampoco tanto.

La diferencia es que a la derecha, ella se presenta en coalición con la Liga Norte (Mateo Salvini) y Forza Italia (Silvio Berlusconi) y todos juntos sumarían un 44%, si se cumplen los pronósticos. La izquierda no solo no ha sido capaz de llegar a acuerdos para formar una coalición, sino que a la fragmentación se suma el enfrentamiento público y la determinación declarada de varios partidos de no gobernar juntos.

Aun así, Letta confía en sus posibilidades y se ha puesto manos a la obra para que tampoco sus candidatos se resignen. “Operación remontada”, ha bautizado la nueva estrategia para levantar los ánimos en la recta final. Todas las mañanas desde la del lunes pasado, se conecta en vídeo conferencia con ellos. Al lado del líder, el responsable de las iniciativas deportivas del partido, Mauro Berruto. Su elección no es casual. Además de aspirante a diputado por el PD, es el ex comisario técnico de la potente selección nacional de Voleibol italiana (ganó el bronce en las olimpiadas de Londres con él y otras siete medallas), entrenador deportivo, periodista y coach emocional.

42% de indecisos

Así que, después del riguroso café (casi una religión en Italia), se ven las caras para comentar los temas clave de la jornada electoral y compartir el discurso motivador con el que Letta espera que salgan después a comerse el mundo, a la caza de los votos de los millones de indecisos que aún no saben a quién votar. El porcentaje no es nada despreciable (ni alentador para los políticos italianos): empezó siendo un 35% y a medida que ha avanzado la campaña, se ha colocado según muchos medios en el 42%.

Con idéntico objetivo el PD ha reforzado también la agenda de actos electorales en el sur del país, donde haciendo cuentas cree que podría arañar hasta un 5% más de votos. Allí es donde se ha constatado la recuperación de uno de sus rivales, el Movimiento 5 Estrellas. Su líder, Giuseppe Conte, se ha declarado progresista y se pasea sonriente por las pantallas de los italianos como el candidato que según los sondeos será el tercero más votado.

Después de empujar a Draghi a la dimisión, nadie pensaba que la formación populista obtuviera tanto apoyo. Las encuestas le dan el 14,5%, muy por debajo del 32% obtenido en las últimas generales de 2018, pero muy por encima de las expectativas tras la desbandada de su ex líder, Luigi di Maio y decenas de militantes (que se presentan con un nuevo partido, Compromiso Cívico). Es más, algunos analistas señalan a Conte como el principal candidato a desequilibrar la balanza y crear algún problema a la derecha en próximo domingo.

La clave del éxito que mantiene a su líder pletórico y ha desviado todas las agendas electorales (a izquierda y a derecha) hacia el sur toca el bolsillo de los italianos. Se trata del denominado ‘redito di cittadinanza’, una suerte de salario social para ayudar a quienes no encuentran empleo (en Italia no existe el paro, cuando te despiden cobras un subsidio, pero por un tiempo mucho más limitado que en España). Fue creado por el Movimiento 5 Estrellas y es aún su propuesta estrella.

Los partidos de la derecha han rechazado siempre esta iniciativa, que consideran poco estimulante para incentivar la búsqueda de empleo. Creen que fomenta todo lo contrario, vaya, que la gente no salga a trabajar. De hecho, Fratelli d’Italia, La Liga Norte y Forza Italia empezaron la campaña garantizando la desaparición del ‘redito di cittadinanza’. Ahora, visto cómo ha hecho ganar terreno al Movimiento 5 Estrellas, han empezado a dulcificar el discurso y Meloni habla “solo” de “modificarlo para mantenerlo solo en los casos en los que las personas no puedan trabajar”. Su última parada electoral: Nápoles.

Los números no son nada despreciables. Los datos del primer semestre de este año revelan que 1,6 millones de italianos perciben este subsidio. Todos mayores de edad. Todos con derecho a voto. Como muchos de sus parientes. Nada desdeñable, no. Y los hay que viven en el centro y en el norte del país, pero el 70% de ellos reside en el sur.

Campaña, Puglia, Cerdeña, Sicilia… ahí es donde viven las mayor parte de los beneficiarios del ‘redito di cittadinanza’ y donde se encuentran los colegios electorales que podrían garantizar automáticamente decenas de escaños (un inciso: con la complicada ley electoral italiana, conocida como il ‘Rosatellum’ es más importante el número de escaños conseguidos que el porcentaje de votos para llegar a presidir el Consejo de Ministros).

El modelo laboral español inspira a Letta

Volvemos al sur. Ahí es también donde se ha volcado Letta estos últimos días para garantizar el subsidio y para reforzar sobre todo el discurso social del PD basado en los derechos civiles, en peligro, dicen, si llega la derecha al poder. Algunos históricos de su partido le habían criticado por olvidar las señas de identidad de la política de izquierdas.

Ahora insiste en sus propuestas contra el cambio climático y a favor de las energías renovables para hacer frente a la crisis del gas, en sus iniciativas para crear empleo para los más jóvenes con “el modelo español como ejemplo para acabar con la precariedad de los contratos temporales”, en la aprobación de un salario mínimo (no existe en Italia), en la concesión de la ciudadanía a los menores extranjeros tras cinco años de estudios en escuelas italianas (ius scuolae), en la lucha contra la desigualdad de género, en la reducción de las lista de espera en los hospitales…

Este viernes, Letta cierra la campaña en la plaza del Pueblo de Roma. Solo con sus compañeros de candidatura. El mismo día, a no mucha distancia, lo harán el resto de los aspirantes a gobernar el país del resto de los partidos progresistas. Todos por separado. Algunos deseándose incluso lo peor entre ellos. Matteo Renzi, ex PD y ahora Italia Viva ha dicho que “ahora Letta se va a casa”.

Ese es el gran obstáculo de la izquierda para Gobernar. La ley electoral premia las coaliciones y estos partidos no solo se presentan en listas diferentes, sino que no parecen dispuestos a sumar votos para frenar a la derecha. A este lado, Letta y Conte son los mejor colocados en las encuestas, pero ninguno quiere saber nada del otro. El líder de 5 Estrellas ha dicho que estaría dispuesto a gobernar con el PD “pero no con Letta, él no”.

Claro que también es verdad que los políticos italianos tienen una demostrada experiencia en olvidar diferencias, aparcar discusiones y taparse la nariz para alcanzar acuerdos de Gobierno con los aliados más insospechados.

Sobre el autor de esta publicación

Isabel Longhi-Bracaglia

Isabel Longhi-Bracaglia (Madrid, 1968) es periodista. Comenzó a ejercer convencida de la importancia de la información local en varios medios hace mas de 30 años (Efe, Onda Cero, Telemadrid y El Mundo). En este diario, se especializó primero en temas sociales, en temas de comunicación después y en información internacional al final, antes de decidir mudarse a vivir a Italia. Desde allí, observa y cuenta en Republica.com lo que ocurre en este país, que la fascina.