DE ISABEL II A CARLOS III

La enrevesada herencia de Isabel II

La herencia oficial irá a parar a su heredero que no está obligado a tributar por ella; la incertidumbre radica en qué pasará con el capítulo privado en el que se incluyen propiedades, vehículos de lujo, una colección de joyas, acciones y empresas fuera del escrutinio público

La enrevesada herencia de Isabel II

EFELa Familia real británica en una de sus últimas imágenes juntos

Además de reina, Isabel II era la líder económica del país. De ahí que tras su muerte el mundo se pregunte qué va a pasar con su legado. Según la revista Forbes, su patrimonio neto privado oscila entre en unos 495 millones de euros. Esta cifra se incluye dentro del patrimonio de lo que los británicos han bautizado como The firm (La firma) que no es más que la empresa real, Monarchy PLC, cuyo capital total asciende a unos 27.750 millones de euros. La cifra no es exacta puesto que la monarca no estaba obligada a revelar sus finanzas privadas.

Para entender la complejidad del asunto de la herencia, hay que destacar que los ingresos de la Casa Windsor beben de tres fuentes de financiación diferentes: la subvención soberana, el monedero privado y las inversiones personales de la reina.

La Reina Isabel II recibía una subvención anual de los contribuyentes a través de un fondo (Sovereign Grant) que hunde su origen en un acuerdo firmado por el rey Jorge III en el que se comprometió a renunciar de los ingresos procedentes del Parlamento a cambio de recibir un pago anual fijo para él y las futuras generaciones de la familia real. El importe de esta subvención se fijó en algo más de 98 millones de euros en 2022. Estos fondos se destinan a viajes oficiales, al mantenimiento de las propiedades y a los gastos de mantenimiento del Palacio de Buckingham. Además de esto, en la subvención soberana se incluye el Crown Estate, un conjunto de tierras y propiedades que pertenecen a la monarquía británica gestionadas de manera semipública cuyos beneficios hoy en día se dirigen en su gran mayoría al tesoro público y de los que su majestad, en principio, recibía el 15%. Lo cierto es que desde 2017 la cifra aumentó al 25% como apoyo a la remodelación del Palacio de Buckingham y en 2028 volverán al 15% anterior.

Los ingresos del monedero privado proceden del ducado de Lancaster que la familia real ha mantenido en fideicomiso desde el siglo XIV y que les proporciona ingresos privados. Según la revista Forbes, “a finales de marzo de 2022, el ducado de Lancaster tenía 647,6 millones de euros en activos netos bajo su control, lo que supone un superávit de 24 millones”.

Por último, entre las inversiones personales de la reina se incluyen propiedades como el Castillo de Balmoral, el palacio de Sandringham, una colección de vehículos de lujo, una colección de joyas y diademas privadas, otra muy valiosa de importantes sellos, acciones y empresas fuera del escrutinio público entre las que sorprende una que produce y comercializa ginebra elaborada con extractos botánicos recolectados en los jardines del palacio de Buckingham. Se trata de una de las bebidas alcohólicas favoritas de los Windsor.

Exenta de impuestos

Así las cosas, la mayor parte de la herencia real, la oficial, es decir la procedente de la subvención soberana y la del Crown Estate, pasará directamente al rey Carlos III. Dicha herencia le llega limpia de polvo y paja, puesto que en el Reino Unido el monarca, por ley, está exento de pagar impuestos de sucesión como sí lo están el resto de los británicos.

Como Carlos III, en calidad de rey disfrutará del usufructo del Palacio de Bukingham, el de Kensington, así como los réditos que le proporcionen los terrenos y propiedades del Crown Estate entre los que se incluye el Hipódromo de Ascot, la calle londinense Regent Street o la mayor excentricidad británica: la propiedad de 32.000 cisnes y de todos los delfines, ballenas y esturiones que viven en libertad en las aguas del Reino Unido, animales que hace más de 800 años son considerados propiedad del monarca británico.

Por supuesto, también heredará las joyas de la corona que pronto utilizará la reina Camila y que puede que también luzca en alguna ocasión la princesa de Gales. La colección de piezas que oficialmente pertenecen a la familia real, una de las más caras y monumentales del mundo. Lo que en España llamamos las joyas de pasar. La de los Windsor, valorada en 5.000 millones de euros, acoge algo más de 300 piezas, entre las que destacan además de las tiaras reales como la diamantes que le regaló su abuela, 98 broches, 46 collares, 34 pares de pendientes, 15 anillos, 14 relojes y cinco colgantes. Estas joyas se guardan en la Galería de la Reina en el Palacio de Buckingham, y algunas se exhiben en la Torre de Londres.

Legado privado

La herencia oficial queda absolutamente clara. La incertidumbre radica en qué pasará con el capítulo privado. Parece que su pareja de Corgys, Muick y Sandy, descendientes de Susan, la mascota que le regalaron a Isabel II al cumplir los 18 años, han sido adoptados por su hijo Andrés y su exmujer, Sarah Ferguson.

La duda radica en el real legado particular. ¿Qué pasará con las propiedades derivadas del monedero privado y de sus inversiones personales? ¿Qué pasará con el castillo de Balmoral o el de Sandringham, la colección de joyas personales que alcanza un valor de unos 10.000 euros? ¿A manos de quien irán las empresas privadas? ¿Qué pasará con las cuadras con más de 30 caballos sementales que le reportaban más de 10 millones de euros? ¿Y con su parque automovilístico valorado en 15 millones de euros, que abarca desde un 1900 Daimler Phaeton hasta Rolls Royce exclusivos?

Se supone que todos estos bienes serán repartidos entre sus cuatro hijos y sus ocho nietos. Lo cierto es que podría haber sorpresas de última hora, puesto que según publica el International Business Times, la reina Isabel II modificó su testamento el pasado 30 de agosto. Sostiene el medio que en esa última modificación dejó por fuera a dos miembros de su familia: Meghan Markle y su hija Lilibet Diana Mountbatten-Windsor, su bisnieta. Jamás sabremos si esto es cierto o no, puesto que desde que a principios de 1900 la reina María de Teck solicitara a la justicia que el testamento familiar fuera secreto jamás se ha desvelado su contenido.