NUEVO GOBIERNO EN ITALIA

Giorgia Meloni ya tiene un problema: Salvini

La futura primera ministra italiana no sabe qué hacer con el líder de la Liga Norte, uno de sus socios de coalición. Lo ha vetado para en Ministerio del Interior, que anhelaba, y son muchos los que creen que la cercanía a Putin aconseja dejarlo directamente fuera del Gobierno

Giorgia Meloni junto a Matteo Salvini

EFEGiorgia Meloni junto a Matteo Salvini

Ni Bruselas, ni los fondos europeos, ni las bolsas, ni el terremoto que auguraban los más críticos… el primer problema de Giorgia Meloni, la vencedora de las elecciones italianas del domingo, se llama Matteo Salvini. La futura primera ministra ha empezado a organizar ya el Gobierno con sus socios de coalición y no sabe qué hacer con el líder de la Liga Norte.

La líder de Fratelli d’Italia no se ha dejado ver desde la noche electoral, cuando habló del inicio de una fase de “gran responsabilidad”. Desde el día después, la consigna a los suyos es “máxima discreción, nada que pueda crear problemas o provocar polémicas”. El objetivo de Meloni es presidir un Gobierno “al que no puedan atacar”, no dar argumentos, vaya, y Salvini arrastra una historia política reciente que puede generar más de un conflicto.

Varios medios italianos confirman la postura de un importante sector del partido de extrema derecha, declaradamente atlantista, que pide a Meloni que deje fuera del Gobierno al líder de la Liga Norte. Directamente. A Salvini, no al partido, naturalmente, para el que deberá reservar algunos ministerios. “Es demasiado cercano a Putin”, advierten. “No lo quiero en el Gobierno”, llegan a atribuir a la futura inquilina del Palazo Chigi.

A menos de una semana de las elecciones, Salvini soltó en una entrevista con Bloomberg que había “cambiado su opinión sobre Putin a medida que había avanzado la guerra en Ucrania”. Lo intentó. Casi en voz baja, en una entrevista con un medio extranjero. Y no ha tenido éxito porque nadie olvida los contactos de exponentes de la Liga con diplomáticos rusos en junio pasado, con la guerra ya en marcha y a pocos días de provocar la caída de Mario Draghi. Ni las declaraciones contra las sanciones de la UE.

En cambio, las primeras declaraciones de Meloni a través de Twitter, las únicas que ha hecho desde su comparecencia a las tres de la madrugada del lunes de su victoria, han garantizado el apoyo y las ayudas a Ucrania tras una llamada de su presidente, Vladimir Zelenski. “Podéis contar con nosotros”, le ha asegurado y él se lo ha agradecido públicamente.

No le ayudan tampoco a Salvini las fotos con la cara de Putin en la camiseta en Moscú, donde dijo que se sentía como “en casa”. Ni aquellos billetes de avión pagados por el Kremlin para regresar en mayo pasado, en plena invasión de Ucrania. Salió a la luz y Salvini canceló los planes de viaje. “No he recibido dinero de los rusos y quien diga lo contrario recibirá una querella”, advirtió durante la campaña.

Causas judiciales pendientes

Aún se espera el veredicto de una causa abierta contra él por presunta corrupción internacional en 2018, cuando como ministro del Interior y vicepresidente del Gobierno de Giuseppe Conte acompañó a los empresarios italianos en busca de inversiones rusas. Alguien grabó y difundió un audio de la negociación de un suculento contrato de petróleo por valor de 1.500 millones de euros y una comisión de 65 millones de dólares para la Liga Norte. Salvini insiste en que no se cerró tal acuerdo y que su partido no recibió un sólo euro de Rusia.

Lo cierto es que no es el único proceso abierto en su contra. Salvini tiene también pendiente de cierre otra causa judicial abierta por negar el desembarco en Lampedusa de los inmigrantes rescatados por la ONG española Open Arms en 2019. Fue denunciado por presunto secuestro de personas y a solo unos días de las elecciones, debía celebrarse la tercera audiencia, que ha sido pospuesta para noviembre, justo al inicio de la Legislatura.

Entonces, para justificar su decisión aplicó los decretos que aprobó como ministro del Interior. Durante esta campaña electoral ha adelantado que su intención es recuperarlos y repetir idéntica estrategia para frenar la inmigración irregular, dando por hecho que repetirá cartera.

Sin embargo, el resultado electoral ha cambiado todo. El 8,7% de Salvini no lo ha dejado en condiciones de negociar desde una posición de fuerza. De hecho, algunas filtraciones adelantan que Giorgia Meloni ha vetado el Ministerio del Interior al líder de la Liga Norte. Para esta cartera suena , Matteo Piantedosi, ‘prefetto’ de Roma (funcionario de máximo nivel de Interior) y ex jefe de gabinete de Salvini.

“Buena imagen dentro y fuera”

“Tenemos que dar buena imagen dentro y fuera de Italia”, ha ordenado la futura primera ministra. “Quiero un Gobierno con personalidades políticas de alto nivel, que no me cree problemas y no provoque censuras ni enfrentamientos polémicos inútiles”.

Y otra declaración clave que lleva a pensar automáticamente en Salvini. “No nos podemos permitir pasos en falso”, ha subrayado Meloni. La situación económica no se lo permite. “Y aún menos iniciativas que no estén en línea con el estado de las cuentas públicas”. El dinero disponible es poco y empezar a gestionar con una medida que requiera una desviación presupuestaria “no sería bien visto desde el extranjero”.

Sucede que una de las propuestas que el líder de la Liga recordaba este mismo martes como una de las prioridades de su partido es el aumento del déficit presupuestando 30.000 millones para ayudar a pagar las facturas de la luz y el gas a los italianos. Meloni ya la había rechazado en campaña, así que la declaración hace evidente el enfrentamiento entre ambos en un momento económico más que delicado.

Desde luego, la postura de Salvini no se antoja acorde con la de Meloni. El contraste se refleja incluso en dos modos muy diferentes de empezar a trabajar en el próximo Ejecutivo. Él aireando en declaraciones públicas las prioridades de la Liga Norte (además de los 30.000 millones, la reducción de la edad de jubilación y llevar la histórica demanda de la “autonomía reforzada” de las regiones del norte de Italia al primer Consejo de Ministros). Ella, desaparecida desde el día después de las elecciones, con una agenda repleta de reuniones para estudiar lo que viene, lo más urgente.

Italia necesita presentar un avance de los Presupuestos Generales del Estado antes del 27 de octubre ante la Unión Europea para cumplir sus compromisos a cambio de los fondos europeos. La buena noticia para Meloni es que Bruselas acaba de confirmar el envío del segundo plazo, 21.000 millones de euros, con una felicitación al Gobierno Draghi que ha conseguido hacer los deberes a pesar de la situación abierta tras su caída en julio pasado.

Meloni y Draghi

Ambos dirigentes se han puesto manos a la obra para organizar el traspaso de poderes. A la espera de los plazos instituciones, que señalan el 24 de octubre como la primera fecha posible para la toma de posesión del nuevo Gobierno (y eso acelerándolo todo porque la cosa está más que clara), Draghi quiere dejar todo listo para cumplir también las condiciones de la UE para recibir el tercer pago de los fondos. Meloni sabe que no tiene mucho margen de maniobra, pero ya ha confirmado que querría revisar los objetivos del PNRR, el documento que recoge los compromisos y el destino de los fondos europeos.

Primero necesita tener un Ejecutivo. Y a juzgar por las primeros movimientos el acuerdo no parece tan fácil como han intentado escenificar durante la campaña los partidos que se presentaban en Coalición y garantizaban “un Gobierno unido y estable durante cinco años”.

“La Liga no aceptará vetos”, ha amenazado el jefe del grupo de la Liga Norte en el Parlamento, Maurizio Molinari. El partido de Salvini decidía este martes mantenerlo como líder a pesar de haberse quedado lejos del 10% de los votos y de varias declaraciones de algunos de sus barones pidiendo cambios en la dirección. Han pospuesto este debate a la celebración de un congreso nacional y ahora exigen su pedazo de tarta.

La Liga exige no solo un Ministerio de peso para su líder, también otras carteras, como la de Transportes e Infraestructuras “y creo que conviene a todos que estas peticiones sean satisfechas”, ha avisado Molinari.

El tercer socio del futuro Gobierno, Forza Italia, que también reclama su lugar, ha propuesto una solución salomónica: la creación de dos vicepresidencias, una para Salvini y otra para ellos, quizá para el ex presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, que ya se ha reunido con Meloni. Su nombre suena también para el Ministerio de Defensa.

El final de esta historia tiene que esperar a la conclusión de las negociaciones para el reparto de carteras. El ‘tottoministri’, la quiniela de los ministros es un deporte nacional en Italia, pero más allá de eso, lo cierto es que lo que está ocurriendo, sumada a la experiencia de Salvini en provocar la caída de Gobiernos (ya van dos: Conte y Draghi) no invita al optimismo en lo que respecta a la estabilidad del futuro ejecutivo.

Sobre el autor de esta publicación

Isabel Longhi-Bracaglia

Isabel Longhi-Bracaglia (Madrid, 1968) es periodista. Comenzó a ejercer convencida de la importancia de la información local en varios medios hace mas de 30 años (Efe, Onda Cero, Telemadrid y El Mundo). En este diario, se especializó primero en temas sociales, en temas de comunicación después y en información internacional al final, antes de decidir mudarse a vivir a Italia. Desde allí, observa y cuenta en Republica.com lo que ocurre en este país, que la fascina.