Argentina

La reacción de Cristina Fernández tras su condena deja en vilo al peronismo: "No voy a ser candidata a nada"

La vicepresidenta de Argentina explota contra los jueces a los que denomina "mafia judicial paraestatal"

La reacción de Cristina Fernández tras su condena deja en vilo al peronismo: "No voy a ser candidata a nada"

EFECristina Fernández de Kirchner

La vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández, confirmó el martes que no será "candidata a nada" en las elecciones de 2023, después de que se anunciara su condena a 6 años e inhabilitación para ejercer cargos públicos en un juicio por corrupción durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015).

"No voy a ser candidata a nada, ni a presidenta, ni a senadora. Mi nombre no va a estar en ninguna boleta. Termino el 10 de diciembre y me vuelvo como me volví el 10 de diciembre de 2015 (cuando empezó el Gobierno de Mauricio Macri), a mi casa, a la misma casa de donde salí el 25 de mayo de 2003 para acompañar al que fuera mi compañero", el ya fallecido Néstor Kirchner (2003-2007), dijo la también expresidenta.

Fernández ofreció una comparecencia telemática desde su despacho en el Senado, minutos después de conocerse la sentencia, en la que, tras atribuir su condena a la "mafia judicial paraestatal", concluyó con la noticia política más inesperada, al bajarse del carro electoral para 2023, pese a la expectación generada en los últimos meses.

"No voy a someter a la fuerza política que me dio dos veces el honor de ser presidenta y una vicepresidenta a que la maltraten en período electoral", explicó Fernández como motivación para no presentarse a las elecciones de 2023 y recordó que todos los cargos a los que accedió en su carrera política fueron "siempre por el voto popular".

Fernández dijo que, además de a los dos mandatos suyos (2007-2015) y al de su difunto marido, Néstor Kirchner, también contribuyó "a la victoria de 2019 cuando nadie daba dos pesos por el peronismo". "Esto es lo que me están cobrando, y por eso me inhabilitan", indicó la exmandataria.

Fernández fue condenada este martes a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en un juicio por irregularidades en la concesión de obras viales durante los Gobiernos kirchneristas (2003-2015).

Los jueces hallaron culpable a la vicepresidenta del delito de administración fraudulenta de fondos públicos, pero la absolvieron en los cargos por presunta asociación ilícita.

La pena dispuesta para Fernández en la denominada "causa Vialidad" es menor a la de 12 años de cárcel que había solicitado en agosto pasado la Fiscalía en los alegatos finales de este proceso.

El tribunal oral también ordenó decomisar los efectos del delito que consisten en una suma de 84.835 millones de pesos (482 millones de dólares).

¿Jaque a la reina?

Aunque para la oposición al Gobierno del peronista Alberto Fernández el fallo fue un triunfo de la Justicia, la imagen que mostró Cristina Fernández durante su exposición fue la más alejada de alguien derrotado, después de que la Fiscalía había solicitado en agosto pasado 12 años de prisión para ella.

Frente a aquellas jornadas, en las que hubo masivas reacciones de apoyo en las calles, este martes hubo escasas movilizaciones, siendo muy sorprendente el silencio previo de La Cámpora, el movimiento liderado por Máximo Kirchner, hijo de la vicepresidenta y del fallecido expresidente Néstor Kirchner (2003-2007).

En el imaginario reciente figura el multitudinario acto en la ciudad bonaerense de La Plata, en el que Cristina Fernández, en modo campaña, habló a unas 60.000 personas sobre los logros de los gobiernos kirchneristas y abriendo una ventana al futuro, aunque sin desvelarlo.

"Las elecciones, está demostrado, se pueden ganar, pero los condicionamientos son tan graves y profundos que nos han dejado que va a requerir de que todos los argentinos, o por lo menos la mayor parte, tiremos todos juntos para el mismo lado", dijo aquel 17 de noviembre, Día de la Militancia peronista. Aquella noche, ante los gritos de "Cristina presidenta" del público, ella citó al histórico líder Juan Domingo Perón: "Como decía el General, todo en su medida y armoniosamente".

Es innegable que su figura es de una enorme influencia en el espectro peronista, por lo que era casi segura su participación en la campaña de 2023, si no como candidata a presidenta, sí al menos como postulante a senadora, un cargo que, además, le permitía mantener la inmunidad en caso de que la sentencia de este martes se ratifique en la Corte Suprema.

Sin embargo, por lo expresado este martes, Fernández no quiere perjudicar al Frente de Todos -denominación con la que Alberto Fernández ganó las elecciones de 2019- siendo la "candidata condenada". ¿O no quiere exponerse?

A nadie escapa que la actual situación del Ejecutivo, con la imagen del mandatario cada vez más debilitada por la crisis económica, con una inflación cercana al 90 % y un 43,1 % de población bajo la línea de la pobreza, y las tensiones en el oficialismo, dibuja un panorama muy complicado para el peronismo.

Sin conocerse si el presidente Fernández se presentará a la reelección y con la cercanía de una figura pujante como la del ministro de Economía, Sergio Massa, de relevancia internacional y peso en el 'establishment' local, por el momento no hay otro movimiento más seguro que el 'no' de la vicepresidenta.

El 10 de diciembre de 2023 asumirá el Ejecutivo resultante de los comicios de octubre, en los que, según dijo este martes y como lo hiciera en diciembre de 2015, cuando comenzó el mandato del centroderechista Mauricio Macri (2015-2019), Cristina Fernández regresará a casa.

Resiliencia

Hija de una empleada estatal y un conductor de autobuses, Cristina Fernández estudió Derecho en su natal La Plata, donde en 1974 conoció a Néstor Kirchner, con quien compartió militancia política.

Tras casarse, y con el estallido de la dictadura (1976-1983), se mudaron a Río Gallegos -ciudad natal de él-, y trabajaron como abogados. En 1987, Kirchner fue elegido alcalde de esa ciudad y en 1991 gobernador provincial de Santa Cruz.

A lo largo de los 90 y 2000, ella fue diputada provincial, nacional y senadora y la popularidad aumentó a raíz del gobierno de Kirchner y los posteriores mandatos de ella.

En 2008, debió afrontar la conocida como "crisis del campo", que incluyó varias huelgas patronales del sector agrario y cortes de carreteras, y que tuvo, entre otras consecuencias, la renuncia del entonces ministro de Economía, Martín Lousteau -hoy opositor al Gobierno-.

Dos años después, falleció Kirchner, al que, aún hoy, doce años después, sigue llamando su "compañero" y, pese al golpe anímico que supuso, siguió al frente del Ejecutivo.

Su segundo mandato estuvo marcado por la situación económica, que derivó en el triunfo de la oposición en 2015.

No obstante, cuatro años después reapareció y anunció, vía Twitter, quién sería el candidato por el peronismo, Alberto Fernández, que había sido jefe de Gabinete con los dos Kirchner. Ella completaría la fórmula como vicepresidenta.

Desde que en 2016, tras culminar su segundo mandato, fue procesada por primera vez -en una causa por supuestas irregularidades en operaciones con contratos de futuros de dólar durante su Presidencia-, multitud de imputaciones fueron emergiendo y actualmente está inmersa en varias causas judiciales.

Fernández, de 69 años, sigue defendiendo que es víctima de 'lawfare' (hostigamiento judicial), aunque este martes subió la apuesta y denunció una "mafia paraestatal", siempre vinculada al entorno de Macri.

El pasado 1 de septiembre salió ilesa de un atentado cometido a las puertas de su domicilio y, tras la sentencia de este martes, mantiene, como la canción, la bandera del Resistiré.