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Eslava Galán reivindica el discutido término de Reconquista en una nueva historia escrita para escépticos

"El término surge a finales del s. XVIII y se implanta en el XIX", explica - "El concepto se basa en lo que dicen muchos reyes cristianos, cuya idea esencial es que esto era un reino godo que se quiere recuperar. El concepto es medieval y, en ese sentido, yo lo reivindico"

Juan Eslava Galán

PLANETAJuan Eslava Galán

La Reconquista se ha puesto de moda. Recluida durante años en los temarios escolares como una parte más bien antipática para unos adolescentes que se liaban con los nombres de tanto rey (¿pero este Sancho no se había muerto? No, este es de Navarra, el que se había muerto era el de Castilla); o limitada a los debates de eruditos sobre si el nombre era adecuado, vuelve en los últimos tiempos y no exenta de polémica. Vox tuvo la ocurrencia, hace unos años, de organizar actos políticos en Covadonga, símbolo por excelencia de la Reconquista, aunque con muy escasa base histórica, y avivó las brasas. La Reconquista es, además, el Cid, las Navas de Tolosa, los Reyes Católicos… Una caja de bombones para la historiografía tradicional y los amantes de las esencias patrias. Desde el otro lado se recuerda aquello de Ortega: cómo se puede llamar Reconquista a algo que dura ochocientos años. El debate, que siempre ha estado latente, se ha hecho patente desde hace poco.

Entre otras, una de las intervenciones más recientes es la de Juan Eslava Galán, autor de una muy vendida serie de historias contadas para escépticos (de España, del mundo, de la guerra civil, de las dos guerras mundiales…), que acaba de hacer lo propio justamente con la llamada Reconquista. Y reivindica el término desde el título: La Reconquista contada para escépticos (Planeta). Quien conozca al autor, ya sabe que se va a encontrar un libro bien fundamentado (Eslava se doctoró en Filosofía y Letras con una tesis de tema histórico), lleno de sentido del humor y escrito con las armas y las licencias propias de la narrativa. En él, Eslava pone sobre el tapete los argumentos de unos y otros, pero el título, como queda dicho, es inequívoco.

'La Reconquista contada para escépticos' de Juan Eslava Galán

PLANETA_'La Reconquista contada para escépticos' de Juan Eslava Galán

“El término surge a finales del s. XVIII y se implanta en el XIX”, explica; “pero el concepto se basa en lo que dicen muchos reyes cristianos, cuya idea esencial es que esto era un reino godo que se quiere recuperar. El concepto es medieval y, en ese sentido, yo lo reivindico”. Pero su utilización partidista… “La utilización de la historia con fines partidistas no me parece bien. En Covadonga no pasó nada y está de sobra querer reivindicar eso; no hay que manipular estas cosas”, dice también Eslava.

El caso es que unos conmemoran el primer episodio y otros (bueno, quizá sean los mismos) conmemoran el último, la toma de Granada por Isabel y Fernando. Fiesta anual que también tiene su polémica y cuenta con la oposición de quienes ven políticamente incorrecta y tirando a xenófoba esa ceremonia anual del Ayuntamiento de Granada. Eslava Galán ironiza en el libro a cuenta de las “protestas de los conversos al islam y sus compadres buenistas”. “Es una tradición muy antigua con la que no ha habido problemas cuando no había moros en Granada. Ahora se quiere politizar porque sí los hay”, concreta en la entrevista. “Creo que hay que quitar hierro a estas cosas, no prohibir, porque entonces habría que prohibir también las fiestas de moros y cristianos, y no manipular”.

El Cid, un personaje admirable que batallaba por la pasta

Bueno, Eslava Galán ya ha avisado de que estas historias suyas son “para escépticos”, o, como adelantó cuando publicó su visión de la guerra civil, “que no iba a gustar a nadie”. Eslava reivindica el término Reconquista, pero desmonta, siguiendo a la inmensa mayoría de los historiadores, muchos mitos de esos que gustan a los amigos de Covadonga y de celebrar la toma de Granada por los cristianos. Lo de Covadonga tiene más visos de mito o leyenda que de realidad; si acaso, fue una escaramuza menor; la batalla de Clavijo en la que, se dice, apareció el apóstol Santiago, es otra leyenda enteramente inventada por los cristianos. Como lo es la de Calatañazor en la que, supuestamente, “Almanzor perdió el tambor”. Y el Cid, ese personaje que José María Aznar escogió para disfrazarse en una histórica sesión de fotos, “batallaba por la pasta”, escribe Eslava. Pero el Cid es mucho Cid y conviene matizar. “El Cid, que se mitificó en el franquismo, es un personaje admirable, a mí me parece uno de los grandes personajes de nuestra historia, pero hay que reducirlo a lo que es. Es un infanzón que se enemista con el rey, y al hacerlo, queda a la intemperie y se pone al servicio de quien le paga, incluyendo reyes moros. Al final, va por libre y toma Valencia. Todo me parece admirable”, sostiene Eslava Galán.

Estatua de Pelayo en Covadonga

WIKIPEDIA_Estatua de Pelayo en Covadonga

En definitiva, sobre esos ochocientos años de guerras “se han acumulado muchas leyendas, que son entrañables, y que, como tales, yo no las rechazo, pero la leyenda es leyenda y la historia es historia”, zanja el escritor.

Por otra parte, el libro contiene frases poco complacientes para los árabes, como una referencia a su carácter un tanto falso o traidor, la afirmación de que “el moro es tan astuto en la guerra como alevoso y traidor en la paz” o la de que ahora nos invaden pero pacíficamente. “Bienvenidos los emigrantes, que, entre otras cosas, los necesitamos”, se explica. “Lo que me parece mal es una cosa, que algunos traigan culturas que agreden a algo importante que nosotros hemos conseguido, como es la declaración de los derechos humanos. Me parece mal que se vulneren los derechos humanos y se considere respetable a quienes no los respetan”. ¿Le preocupa parecer políticamente incorrecto por observaciones como esas? “Hasta ahí podíamos llegar, la corrección política está llegando a unos extremos tremendos”.

Hubo coexistencia, no convivencia de culturas

Escéptico, en fin, con el buenismo y la Alianza de Civilizaciones, si es que no abiertamente contrario, Eslava sostiene que no hubo en absoluto convivencia de culturas durante ese largo periodo. “Hubo coexistencia pacífica, convivencia no hubo nunca. Cuando predominaba un poder, el cristiano o el musulmán, abusaba del otro. Esclavos se hacían por las dos partes”. Otra cosa es que alguna esporádica persecución religiosa por parte de los musulmanes se debiera a provocaciones de cristianos que buscaban el martirio insultando a Mahoma, lo que llama en el libro “brote fundamentalista mozárabe”. “Sí, con lenguaje moderno, eso es fundamentalismo. Hubo algún juez musulmán sensato que desanimaba a estos cristianos haciéndoles ver el sinsentido de su propósito”.

Dentro de la referida coexistencia, el libro contiene un capítulo interesante, seguramente poco conocido del lector medio, el referido a la vida de la frontera. Eslava habla de una suerte de far west (o far south, más propiamente) en el que alternaban largos periodos de paz con ocasionales estallidos bélicos; así, en el siglo XIV, hubo ochenta y cinco años de treguas y paces, y quince de guerras. En esa frontera caliente en la que hubo más tratos con el enemigo de los que reconocen unos cronistas que escribían para congraciarse con reyes y obispos, proliferaban personajes como los rastreadores, una especie de policía rural muy capacitada para seguir rastros de pueblo en pueblo, observando sobre el terreno pisadas de cuatreros y reses. O el alcalde de moros y cristianos, un juez de frontera que guarda las lindes, hace paces con alcaldes del otro lado, reparte pastos y leña en la tierra de nadie o devuelve a su dueño ganados extraviados. O el adalid que conoce los pasos y guía a las huestes. O los legendarios almogávares, buenos conocedores del terreno, que hablan la algarabía mora y el romance cristiano, viven en el campo, manejan todas las armas y saben luchar a cuerpo limpio. Personajes, recuerda Eslava, que “están documentados, sobre todo a partir del siglo XII cuando empieza a abundar la documentación”.

Otra forma de coexistencia fueron las conversiones, especialmente de cristianos que se hacían musulmanes en los primeros años de la invasión. “En esto, pesaban mucho los impuestos”, explica el autor; “se convertían y dejaban de pagar los impuestos que los moros imponían a los miembros de otras religiones; se convirtieron muchos por la cuenta que les traía. Además, hay que pensar que, a partir del siglo XVI, el cristianismo y el islam se separan claramente; pero, antes, no estaba tan claro lo que predicaban unos y otros, lo que facilitaba las conversiones”.

Esplendor de al-Ándalus

Y lo que no parece un mito es el esplendor de un al-Ándalus que tuvo periodos de tolerancia y hedonismo. “Se relajan con Abderramán III, que no era nada fundamentalista, bebía vino. Por eso el clero islámico bramaba contra esa relajación y llamaba a los fundamentalistas del norte de África. El momento de mayor esplendor se dio con las primeras taifas, que llegan a tener una cultura espléndida. Si, se da ese ciclo: relajación, llegada de fundamentalistas y nueva relajación”.

En una reconquista de ochocientos años (si es que se puede llamar reconquista, como decía Ortega) es también difícil señalar causas de la definitiva victoria cristiana. Pero un problema indudable de los musulmanes fue su división en clanes. “Sí, ese fue un problema que nunca superaron”, admite Eslava Galán. “A veces llegaron a ser Estado, pero nunca nación. Estaba la tendencia centrípeta de que Córdoba controlara todo, pero no lo consiguió casi nunca, porque había muchas tribus y clanes que imponían sus tendencias centrífugas. No se podían fiar de su gente, por eso contrataron muchos mercenarios de los que sí podían fiarse”.

Y con la toma de Granada se cierra una historia que parece incluida, como entre paréntesis, en dos sentimientos de pérdida: la de Spania en 711 y la de al-Ándalus en 1492. Si el primero alimentó la idea de reconquista, el segundo es una herida que no parece cerrada del todo en algunos ámbitos árabes. “Ellos lo reivindican de vez en cuando. Tienen la visión idealizada de su pasado, como la tienen muchos judíos con Sefarad; pero los judíos no piensan en recuperar Sefarad y algunos fundamentalistas musulmanes sí piensan que deben recuperar al-Ándalus”.

'La rendición de Granada' de Francisco Pradilla

WIKIPEDIA_'La rendición de Granada' de Francisco Pradilla

Esa larga historia, llena de avatares, está contada por Eslava Galán con su estilo habitual en el que sobresale un desenfado que quizá escandalice a más de un académico, y que casi constituye un género híbrido y específico. “Yo lo llamo novela ensayada o ensayo novelado”, dice él. “No intento crear un género nuevo porque todo está inventado, pero creo que este tipo de narración se presta a ello y el lector lo agradece”.