EFEKostas Zoktaridis, cazador de naufragios griego, posando en el puerto de Lavrio con su robot submarino

HISTORIA

El cazador de naufragios griego que "viaja al pasado" con cada hallazgo

Kostas Zoktaridis dedica su vida a buscar en el fondo del mar los restos de aquellos barcos que jamás llegaron a buen puerto

Kostas Zoktaridis es un cazador de naufragios griego que dedica su vida a buscar en el fondo del mar los restos de aquellos barcos que jamás llegaron a buen puerto, historias que leía de joven y en las que ahora se sumerge para, como él dice, "viajar al pasado".

Grecia está llena de tesoros hundidos, se calcula que esconde más de 1.500 naufragios bajo sus aguas y Zoktaridis, ateniense de 53 años, ha estado por lo menos en 500: desde mercantes de la edad antigua cargados de ánforas hasta enormes cruceros como el MS Sea Diamond, hundido el 2007 en Santorini.

Todo empieza con un libro

"Cuando tenía 18 años me compré un libro sobre un naufragio en el Museo Naval del Pireo y me lo leí entero esa misma noche. Fue el primero de muchos más que luego he ido acumulando hasta formar mi propia colección", dice a Efe Zoktaridis, que asegura tener el mayor archivo sobre naufragios en Grecia con más de 7.000 documentos.

Aunque la "chispa" siempre surge de un libro, a menudo no basta para localizar los restos de una nave y tiene que recurrir a los informes de los almirantes o los capitanes, que resultan más fiables y detallados.

Este fue el caso del vapor español San Isidro Labrador, que él mismo localizó recientemente cerca de la isla de Kythnos tras haber sido derribado por el submarino griego Katsonis hace casi 80 años.

Otra fuente de información de gran importancia, dice, son los pescadores, quienes conocen la posición de muchos naufragios, aunque está claro que no revelan esa información a cualquiera, porque ahí es donde se encuentran los buenos caladeros.

"Todo el mundo en Grecia sabe que yo nunca pesco, por eso los pescadores sí que confían en mi", bromea Zoktaridis.

La era de los robots submarinos

Ahora, Zoktaridis tiene su base de operaciones privada en la ciudad portuaria de Lavrio, a una hora de la capital, donde gestiona su empresa Planet Blue, que ofrece servicios con ROV (Vehículo Operado Remotamente) sumergibles hasta los 1.000 metros, además de una escuela de buceo.

A lo largo del mes, su empresa recibe unos 4 o 5 encargos para localizar objetos que se han perdido en el fondo del mar, como hélices, anclas o naufragios enteros, y con menos frecuencia también participa en documentales o investigaciones recopilando imágenes o muestras del fondo marino.

"Generalmente seguimos la regla de Lloyd, que dice que si no encontramos lo que buscamos no recibimos nada de dinero, un método muy honesto que se da en el 80 % de los contratos que hacemos", explica.

Pero es en los fines de semana o durante las vacaciones cuando el ateniense se transforma en un verdadero explorador a bordo de su barco Oceanis, y acompañado por su hija de 20 años, tan aficionada como él, se lanzan al mar en busca de nuevos descubrimientos.

“Mi hija Agapi posee el 49 % de la compañía y espero que en el futuro continúe con este trabajo tan interesante, especialmente en la parte digital, ya que estudia dirección cinematográfica”, declara Zoktaridis, orgulloso de poder compartir su pasión con la familia.

Una historia de película

Mi tipo de naufragio favorito son los submarinos y hasta ahora he encontrado cuatro”, aclara, antes de explicar la tragedia del HMS Perseus, un sumergible inglés de la Segunda Guerra Mundial, que en noviembre de 1941 se hundió cerca de la isla de Cefalonia tras chocar con una mina italiana.

"Tras más de dos meses buscando en las aguas del Jónico, la Nochebuena de 1997 finalmente localizamos el HMS Perseus", exclama Zoktaridis con una sonrisa y la mirada perdida de quien visualiza uno de sus recuerdos.

Todos los tripulantes de aquel submarino murieron a excepción de uno, el inglés John Capes, que en un escape digno de película, tomó un trago de ron, abrió la escotilla del submarino y buceó 52 metros hasta la superficie para seguir a nado hasta Cefalonia donde fue rescatado y pudo dar a conocer su hazaña.

"La compuerta de salida del submarino estaba abierta, tal y como Capes la había dejado, y en el interior se reflejaba la escena que él mismo había descrito, incluso estaba la botella de la que bebió", comenta Zoktaridis, contento de haber podido verificar finalmente la proeza del inglés que hasta entonces parecía inverosímil.

"Simplemente trato de conectar cada historia con su naufragio, porque cuando conoces su pasado es como ver una película en color, de lo contrario solo se trata de un montón de metal en el fondo del mar", reflexiona el explorador.

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