Unzue, chupinazo de ejemplaridad

El exfutbolista, Juan Carlos Unzué da el chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona

EFEEl exfutbolista, Juan Carlos Unzué da el chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona

Juan Carlos Unzue, más que protagonista del chupinazo pamplonés, fue el héroe deportivo del día. Toda la extensa y encomiable historia futbolística del navarro quedó difuminada cuando desde la silla de ruedas en la que malvive lanzó su mensaje en el que fue ejemplo de ciudadano que muestra su gravísimo problema, pero lo envuelve con sonrisas de optimismo. Juan Carlos dejó estela como guardameta y entrenador en el fútbol español. Viajó entre los palos y desde el banquillo por notables entidades futbolísticas. En todas partes dejó estela de hombre de bien, de deportista que supo luchar de manera encomiable en cada una de sus facetas. Ahora, desde la silla de ruedas cuando la vida se le está escapando, en cada una de sus apariciones públicas anima a continuar la lucha por una enfermedad desde la cual anima a las personas que viven su condición a no arrojar la toalla.

Juan Carlos es uno de los deportistas que pasa por una situación dramática, pero no hace de ello una llamada a la conmiseración. Juan Carlos está en la portería en la que se la juega en los penaltis. Y está pisando la raya de gol con el optimismo que traslucía a sus compañeros de equipo cuando tenía la oportunidad de aportar beneficios al colectivo.

En el Ayuntamiento de Pamplona tuvo fuerzas para animar a que sus paisanos disfrutaran de las fiestas y la suficiente generosidad para agradecer a los sanitarios que en toda España nos han ayudado a superar etapas tan crueles como la del Covid. Juan Carlos puso en su boca las palabras que muchos españoles pronunciaríamos públicamente para agradecer a nuestros sanitarios el esfuerzo que han hecho y hacen por sacarnos de las amenazas que en muchos casos son sentencias condenatorias.

Posdata. Jugar cinco sets contra Nadal es perder el partido y acabar molido. Fritz estuvo a punto de dar el bombazo de Wimbledon, pero delante estaba el balear a quien se le oyó gritar menos que en otras ocasiones.

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