Alejando Blanco, invitado a dimitir

Alejandro Blanco

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Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, está en situación moral tan precaria, tras lo ocurrido con la fallida candidatura olímpica de invierno, que debería dimitir. Hasta ahora, Blanco, que ganó las elecciones fundamentalmente con los votos de las federaciones no olímpicas, se había mantenido en el puesto adoptando posiciones poco comprometidas con la mayoría de su mundo. Supo vivir durante años sin crear conflictos, ni enfrentamientos con las federaciones que tienen peso en el mundo deportivo. No recuerdo que protagonizara ningún desacuerdo formal.  Supo mantenerse en posición casi neutra para no entrar en peleas tan habituales entre los federativos. La candidatura invernal se lo ha llevado por delante porque, aunque no abandone el puesto, su figura ha quedado muy dañada. Será difícil que en adelante se cuente con él como mediador, como hombre de paz. Lo ocurrido entre catalanes y aragoneses ha llenado un expediente de la Guardia Civil que no tiene enmienda.

Por muchas disculpas y explicaciones que pretenda dar ha quedado a los pies de los caballos. Sospecho que si ahora Madrid se tomara en serio la candidatura de los Juegos de Verano, como hizo hace unos pocos años, no sería Blanco quien contara con la plena confianza.

Del fracaso político en la candidatura no hay que olvidar que durante mucho tiempo desde la Ciudad Condal se esgrimió el eslogan de Barcelona-Pirineos con lo que Aragón quedaba al margen. La propuesta madrileña, si crece, deberá tomar todas las precauciones posibles para que esta vez no haya problemas, ni coñas con el “café con leche en Plaza Mayor”. Madrid, hace años, tras Barcelona, intentó ganarse un puesto olímpico y recuerdo que aposté 3.000 pesetas, entonces no teníamos euros, con el alcalde Álvarez del Manzano de que la ciudad no tendría juegos antes de 2020. El tiempo me ha dado la razón y el día menos pensado quedaré con el exalcalde para que, a cargo de las 3.000, tomemos una caña.

Posdata. Madrid no quiere dormirse en los laureles y también aspira a un Gran Premio de Fórmuña1. No veo a Almeida y Díaz Ayuso paseando a bordo de descapotable como hicieron Camps y la desaparecida Rita Barberá. En Valencia hubo Formula1, pero bien que costó la aventura.

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