Clubes propiedad del estado

Florentino Pérez ha puesto sobre la mesa el problema que se está viviendo en el fútbol, fundamentalmente el europeo, en el que vuelven a existir clubes propiedad de un estado. Durante los años que fueron del final de la Segunda Guerra Mundial al cambio de régimen en Moscú, la disgregación de la Unión Soviética y los cambios efectuados en los países del llamado Telón de Acero, hubo clubes propiedad del Estado y también de los sindicatos, la policía y los cuerpos de ejército. (Ferenc Puskas fue coronel húngaro) Los que compitieron en Europa lo hicieron en condiciones en que la profesionalidad no tenía nada que ver con el oficio de futbolistas, ni sus condiciones de trabajo. Incluso hubo etapas en que los jugadores no podían salir de su país.

Aquella época quedó definitivamente arrumbada y en la UEFA fueron integrados clubs de muy distinta condición a la anterior. La globalización permitió los trasvases de futbolistas de unos países a otros sin otras tabas que las impuestas por las autoridades deportivas. Ahora, hemos caído en tiempos en que hay ligas en que todos los participantes son propiedad de sociedades anónimas. En España se da el caso de que en Primera División hay cuatro casos de excepción: Real Madrid, Barcelona, Athletic Club y Osasuna. Esta anomalía no ha creado de momento grandes conflictos. La que se nos ha caído encima es la aparición de fondos buitre, clubes cuyos propietarios son mandatarios de un estado y, en general, los casos más conocidos tienen como lugar de nacimiento países árabes con potencialidad petrolífera.

En Inglaterra no es nuevo que haya clubes sustentados por el dinero de las grandes compañías internacionales. La aparición de esta clase de nuevos ricos, como el París Saint Germain, por ejemplo, pese a las normas que rigen para la cohesión económica, es evidente que las sociedades futbolísticas propiedad de gentes del país y fundamentalmente de su ciudad luchan en competencias desiguales. Los desproporcionados salarios y los millones que se usan en los traspasos ponen en inferioridad a los clubes que no gozan de las ventajas de los millones que aparecen en el mercado como manás. El último caso es del inglés Sheffield, al que pretenden llevar a la disputa de los grandes títulos. Esta sociedad podrá fichar jugadores extraordinarios con el fin de optar a las primeras plazas con otros clubes, que también están auspiciados por sociedades incluso apoyadas en fondos buitre. Este futbol no tiene nada que ver con el tradicional. Por el camino se está perdiendo parte del sentimentalismo.

Posdata. Esta semana hay gran debú en la Liga. Esta vez no se trata de un jugador de la clase galáctica. Hablamos de la puesta en escena de Xavi Hernández, el nuevo timonel del desvencijado barco barcelonés.