Con Morata y quince más

Misión cumplida. España se clasificó para el Mundial de Qatar. Fue en el minuto 86, con gol de Morata, que aprovechó el rebote del balón en el larguero, por disparo que había sido lanzado desde fuera del área Dani Olmo. El tanto, que mereció toda clase de plácemes porque hasta los últimos minutos hubo que luchar para mantener el empate a cero, rompió la dinámica de los últimos quince minutos en los que Suecia presionó y no permitió que España saliera con el balón controlado más allá de su medio campo. El acoso sueco, que contó con la participación de Ibrahimovic a quien le enviaron sus compañeros todos los balones aéreos buscando su remate, se resolvió en uno de lo pocos contraataques españoles con que aliviar los balones al área de Unai Simón. Con éste no se entendieron los zagueros o estos no contaron con él para detener balones con los que pausar un poco el juego. Los defensas españoles trataron de despejar la pelota casi a la desesperada en muchas ocasiones y el tanto llegó cuando la angustia había entrado en el equipo, el cuadro técnico y los espectadores.

Se cumplió con la victoria en las dos finales. Se amarró la participación mundialista por la que hubo que luchar hasta el último suspiro con Suecia. Se obtuvo el deseado pasaporte y seguramente en momento tan eufórico se dejarán al margen las reflexiones que cabe hacer a la vista de cómo se han desarrollado los partidos de esta fase previa. Se ha logrado lo deseado, pero no de la manera más brillante que se podía desear.

Luis Enrique nunca ha sido partidario de mantener las alineaciones. No es entrenador de los que únicamente varía los puestos en los que ha encontrado menos fiabilidad. Con respecto al encuentro contra Grecia cambió a seis jugadores. España de nuevo fue selección nueva. De los cambios no se puede argumentar que el técnico castigo a algunos participantes en la victoria frente a Grecia. No se trata de eso. Más bien es partidario de dar oportunidades a todos, pero esto, en ocasiones, no es lo más conveniente porque los jugadores necesitan acomodarse a lo que les ha sido más práctico. Cambió a seis, pero no varió la idea. Se trataba de poseer la pelota, de tener precauciones defensivas para evitar que los contragolpes suecos fueran peligrosos.

Los primemos minutos se desarrollaron de acuerdo con el juego parsimonioso de control de la pelota del mantenimiento de la misma y dando participación al portero Unai Simón. Mientras éste intervino en los repelidos pases atrás, a su colega sueco tardamos en advertir presencia. El juego dejó de ser avasalladoramente cuestión española y de pronto aparecieron los contragolpes suecos que dejaron fríos a los espectadores. Sarabia intentó el gol en remate forzado y las dos magnificas oportunidades para marcar estuvieron en las botas de Forsberg. Fueron dos avisos que hubo que tomar en consideración. Este volvió a tener la ocasión de batir a Unai Simón y marró el remate.

España atacó más por la izquierda que por la derecha porque en esta zona Azpilicueta estuvo más presto a la defensa, casi como tercer central, que al ataque. En la segunda parte no se dominó el juego como se pretendía y de ahí que se viviera el peligro del gol sueco que habría dejado a España en la cuneta. No hubo ningún jugador que esquivara el compromiso y fue de nuevo entusiasmante que un chaval de diecisiete años, Gavi, peleara y condujera el balón como un experimentado internacional.