Peligro del ataque a balón parado

La selección española no suele fallar en el partido decisivo. Contra Suecia en Sevilla no hay apuestas en contra. Luis Enrique ha conseguido salvar el primer gran obstáculo y sería muy sorprendente que a la hora de la verdad nos faltara el aliento. Antes de entusiasmarse con la deseada victoria convendría hacerse a la idea de que los suecos, que han fallado en Georgia, están en la obligación moral de resarcirse. Para ellos si es auténtica final el partido de La Cartuja y conviene tener en cuenta de que posee grandes futbolistas y dos delanteros excepcionales como son Ibrahimovic e Isak. Contra ellos la defensa española tendrá que esforzarse al máximo. Tal vez como en pocas ocasiones nuestros zagueros deberán vigilar especialmente en los balones colgados al área tanto en los centros de jugada como en los saques de falta incluidos los córners. El partido podría resolverse a balón parado.

El juego que pretende Luis Enrique tendrá seguramente las mismas características. Se buscará la posesión de la pelota y se buscaran jugadas no exentas de atrevimiento porque lo importante es ganar. Si la selección saliera con la idea de que con el empate le vale correría el grave peligro de toparse con el resultado adverso. La Roja ha de jugar con las debidas precauciones, pero en modo alguno ha de forjar su proyecto en el mantenimiento de la actual ventaja clasificatoria.

De acuerdo con el rendimiento obtenido en Atenas, aunque Luis Enrique es imprevisible, esta vez no es atrevimiento creer en que habrá muy pocas variaciones. Probablemente, no faltará Busquets Si los jugadores responden a la consigna de sacrificio en todos los terrenos, ayudas constantes y repliegues conservadores para abortar la velocidad de los atacantes adversarios, la victoria, aunque probablemente será difícil y sufrida, será posible. Este partido presenta la circunstancia especial de que ningún jugador se ha de limitar a defender su posición, a cubrir el puesto, sino que tendrá que ejercer una función absolutamente solidaria. Nunca como en esta ocasión serán precisos los esfuerzos colectivos. Sobre todo, porque la selección no cuenta con individualidades a las que se pueda encomendar el triunfo.

Posdata. El Madrid dejó salir a Sergio Ramos. Buen negocio. Malo el del jugador que se fue a ganar menos y aún está por debutar.