Laporta y Koeman aprueban

En el Camp Nou hubo noche de exámenes. Antes del partido había asamblea del club y en ella estaban en cuestión la administración anterior, la de Josep María Bartomeu y el futuro que plantea Joan Laporta, actual dirigente. La entidad pide paciencia y complacencia para un par de años en los que las deudas no permitirán respirar hondo. Laporta quiere que se reforme un artículo del reglamento mediante el cual no tendrá que dimitir en el plazo de dos años si el club no ha remontado. El Barça tenía otro examen en el césped en el que de nuevo estaba en discusión la labor del entrenador, Ronald Koeman, que continúa por cuestiones económicas ya que no hay dineros para darle la boleta y contratar un nuevo míster. También en el césped, José Bordalás, entrenador valencianista, se sometía al jurado deportivo. Comenzó la Liga de manera esperanzadora, aunque sin ganar a ningún gran adversario, y entró en depresión en los últimos encuentros. Bordalás había tenido la coartada de las bajas por lesión de Carlos Soler y Gayá. En el Camp Nou tuvo a disposición a lo mejor de la plantilla.

Laporta salió del trance con la obtención de la confianza de los socios a quienes se les ahuyentó el fantasma de la conversión de la sociedad deportiva en sociedad anónima. Koeman logró la anuencia de la grada cuando Ansu Fati consiguió el gol del empate. Koeman colocó a Sergi Roberto y Dest como extremo para tapar las internadas de Gayá quien tardó menos de cinco minuto en conseguir el primer tanto de la noche. Gayá hizo el gol valencianista, luego evitó uno barcelonista y antes del descanso cometió un ¿penalti? que Menphis transformó en diana.

La reaparición de Ansu Fati fue providencial para los suyos. El gol del empate, tiro desde fuera del área, como el de Gayá, hizo reaccionar a sus compañeros. Su presencia en el ataque fue constante peligro para el Valencia. Jordi Alba, que había perdido la colaboración de Messi, encontró un nuevo compañero para que sus arrancadas por la banda izquierda tuvieran los mismos peligros que los que causaba en colaboración con el argentino.

El juego tuvo intensidad, el balón pasó de una zona a la contraria con rapidez si bien en cierto que los azulgrana llegaron con más facilidad al área contraria. Lo mejor del fútbol azulgrana fue olvidarse de lo que se considera su propio estilo. Con más rapidez, con desplazamientos sin tantos toques de balón domina al contrario. Fue en la segunda parte cuando el Valencia se hizo con la pelota y acudió a poner en apuros a Ter Stegen, que detuvo meritoriamente uno de los lanzamientos de Guedes. El Valencia mejoró en el segundo tiempo y solamente en el último cuarto de hora se equilibró el juego. El tercer tanto, marcado por Coutinho que había sustituido a Fati, llegó en el minuto 85. Hasta entonces el Barça no aseguró la victoria. El Valencia no se dio por vencido en ningún momento. Bordalás intentó el empate con varios cambios, pero ninguno significó gran cosa.