Luis Enrique merece confianza

Luis Enrique no goza de las complacencias mediáticas. No es diplomático y hay ocasiones en que parece que le divierte la polémica. No cayó bien cuando fue elegido seleccionador. Su paso por el Madrid no fue etapa que el garantizara comprensión posterior cuando llegó al Barcelona. No tiene buen ambiente en los medios informativos madrileños. Al menos en algunos de los más oídos. Es curioso el hecho de que entre otras razones se le reproche la ausencia de jugadores madridistas en la selección. La animadversión no deja ver que ni él ni otro seleccionador podría llamar a la Roja a más de un jugador. Es absoluta ironía que se le reproche tal cuestión cuando nadie que haga el mínimo análisis sabe que no podría llamar a más de dos jugadores. El tercero está lesionado. Y uno de los dos no es titular para Ancelotti.

Luis Enrique ha cometido la osadía de llamar al equipo a un muchacho de diecisiete años que en realidad sólo él conocía en lo referente a sus condiciones futbolísticas. En este caso estábamos ante un futbolista neófito más que debutante. Sin embargo, los hechos dieron la razón a responsable del equipo nacional. Gavi no solo respondió como si fuera jugador experimentado, sino que, además, mostró arrestos físicos propios de un veterano con espíritu combativo. Los valores que había descubierto Luis Enrique han quedado demostrados y es ridículo mantener dudas sobre quien antes de los partidos tenía tan poca imagen publicitaria.

La selección española hasta el momento ha creado más ilusiones que resultados exultantes Necesita ganar dos partidos para lograr la clasificación para el Mundial y tanto Grecia en su casa como Suecia en España son dos adversarios con idéntico propósito. Los tres pretenden lo mismo y los tres tienen posibilidades de acceder a un puesto que permita seguir en la competición aunque sea en la repesca. Luis Enrique busca equipo para el futuro con los Gavi, Ansu Fati, Pedri, Ferrán, Pau y demás jóvenes que han de conformar selección futura. Merece confianza.

Posdata. La posibilidad de que los estadios se llenen proporcionará el test preciso para comprobar si la pandemia ha restado ilusiones.