Adriana, Carlos y Maialen, también son grandes

España cosechó nueva medalla. Esta vez en aguas bravas. Esta vez en otro deporte minoritario. España ya tiene una de bronce en taekwondo, bicicleta de montaña y aguas bravas. Ya tenemos en el santoral olímpico a Adriana Cerezo, Carlos Valero y Maialen Chourraut. Son tres deportistas de limitada gloria, de medallas que suman aunque no sean de oro ni de las que producen sensaciones de entusiasmo patriotero. Pero las tres tienen el mérito de ser conquistadas a pesar de las limitaciones mediáticas que contienen. Con todas las reservas que se puedan objetar, no creo que haya triunfos más enaltecedores humanamente que los obtenidos en estas disciplinas de tan escasos laureles populares.

Esta clase de deportistas tienen más méritos que los que se consiguen en aquellas especialidades en las que van juntas la fama y el dinero. Hay que ser auténticos padrazos para animar a un hijo a que se lance a la aventura de una de estas disciplinas. Hay que ser individuos de humanidad sin limites para dedicarse a un deporte del que saben que no llegarán a la elite. Estarán en la de su deporte, pero no en la general. Siempre que se hable de ganadores de medallas olímpicas se recurrirá a aquellas que tuvieron más repercusión, que supusieron ejemplaridad, que contaron con el aplauso general y el orgullo del país.

Nadie o casi nadie recuerda hoy a Rodríguez Cal, medalla de bronce en boxeo, que fue el único español en los podios de Munich '72. En el desfile final la bandera española ondeó más alta que ninguna porque a Rodriguez Cal, del peso mosca, lo subió en sus hombros el baloncestista Clidford Luyk, que medía más de dos metros. Aquel diminuto y modesto púgil, que luego no pudo hacer carrera con ventajas económicas, fue único en aquellos Juegos. De entonces acá han sido muchos los españoles que se han colgado medallas y de los pioneros apenas queda recuerdo. Consumir cuatro años, el de una olimpiada, (esta vez cinco) entrenándose para participar en una competición que triunfando no deja de ser una recompensa transitoria, tiene mucho más mérito que el que pongan en busca del aplauso mayoritario baloncestistas, futbolistas o atletas, pongamos por caso. Seamos justos y brindemos por el recuerdo que deberíamos guardar a Adriana, Carlos y Maialen. Son de los nuestros y de los mejores. Eso debe bastar.

Posdata. Mireia Belmonte no ha podido revalidar éxitos precedentes. Las lesiones y el año de pandemia no le han permitido volver donde solía. Su nombre ya estaba en la orla de los más grandes. Era suficiente.