Los Pirineos nos unen a Francia

“Al Norte con los montes Pirineos que nos separan de Francia”. Los niños de mi generación aprendimos los límites de España con esa afirmación que formaba parte de una cancioncilla que repetíamos como las tablas de multiplicar. Los niños de mi generación rompimos con tal separación hace setenta años. En 1951, Bernardo Ruiz ganó dos etapas y en el Tour los Pirineos comenzaron a ser el mito deportivo. Bernardo acabó noveno aquel año y en el siguiente fue el primer español en llegar al podio. Lo hizo tras Fausto Coppi y Constant Ockers. Los Pirineos fueron desde entonces la meta de nuestros grandes ciclistas. Tras Bernardo llegó Bahamontes, el primer vencedor, y con él superamos el tiempo en que la gran ilusión de los aficionados españoles al ciclismo era ganar el Premio de la Montaña. Toda la gran aspiración era llegar a los Pirineos y los Alpes para que los nuestros, que además, entonces corrían por equipos nacionales subieran los primeros en el Tourmalet o el Aubisque. La montaña era nuestra gran revancha desde que el cántabro Vicente Trueba, la “Pulga de Torrelavega” trajo para España de la pluma de Jacinto Miquelarena la palabra “grimpeur”. Trueba tenía una traducción de este vocablo muy diferente al de los demás. Según Trueba una cosa era el escalador y otra el “grimpeur”. Esta condición se debía otorgar a quien esprinta cuesta arriba.

Con los ganadores españoles el Tour perdió importancia el titulo montañero. Sobre todo, con Miguel Indurain que nunca trató de ser el mejor escalador. Le bastaba con ser el mejor en todas las demás facetas del Tour.

Estamos de nuevo en los Pirineos, pendientes de las grandes gestas. Porque por encima de premios mas o menos de consolación los escaladores han tenido siempre muy buena prensa. Por nuestro Ocaña, que hace cincuenta años se estrelló en el Col de Mente cuando estaba a punto de vencer a Merckx y por cuantos han creído en la mitología de los grades “grimpeurs” españoles las tardes de los Pirineos no cuentan para las siestas. En el centenario de Luis García Berlanga me permito recordar que durante el Tour jamás se permitía una cabezada tras el almuerzo. Maria Jesús, su esposa, preparaba el almuerzo con tiempo suficiente para que la mesa no impidiera presenciar el paso por los Pirineos. Y en eso estamos todavía. La ilusión es que los Pirineos nos unan a Francia.