Italia, venganza europea del Brexit

Inglaterra hizo de las vísperas de la final el preludio de una gran fiesta nacional. Incluso la reina Isabel se involucró en el acontecimiento deseando a su selección el éxito ante Italia. Inglaterra inventó el fútbol, pero no consiguió conservar supremacía internacional. Ante Italia marcó en el tercer minuto del partido y ello le hizo creer que esta vez era posible. El gol de Shaw, a bote pronto, a pase del otro lateral inglés, en este caso el colchonero Trippier fue el anuncio de que el partido podía tener color inglés. En la segunda parte el encuentro cambió de signo y la superioridad británica fue difuminada porque Italia cambió su aire y llegó el empate de Bonucci. El torneo acabó en empate y la final se tuvo que resolver en los amansamientos de penalti. Italia impidió que Inglaterra, en el año de Brexit inscribiera su nombre por vez primera en la lista de campeones europeos.

Italia tardó más de media hora en hacerse a la idea de que para ganar era preciso que cambiara de actitud.

Los anfitriones, ironía del destino que la final se jugara en su casa, estimulados por el tanto y seguramente por las consignas recibidas en los días previos al partido, jugaron a otro ritmo que los italianos. La velocidad británica contrastaba con lo que parecía cierta conformidad con lo que se le venia encima. Verrati, Barella y Jorginho estuvieron borrados por Rice y Philips con el apoyo de los centrales. Además, el juego emanaba muchas veces de los pies de Kane a quien buscaban sus compañeros para que ejerciera de motor, de dirección orquestal. Sterling, por el contrario, entraba menos en juego..A Italia le costaba mucho salir de su zona con el balón controlado. En ocasiones daba la impresión de que los ingleses jugaban un 4-2-4 dado que los defensas transalpinos tenían presionándoles a cuatro adversarios. Sólo en los últimos diez minutos del primer tiempo Italia se dejó ver e intentó el gol por medio de un tiro de Chiesa que salió cerca del palo.

Esta sensación de recuperación italiana se confirmó en la segunda parte. Los ingleses dejaron de mandar y los italianos además de equilibrar el juego buscaron con cierta facilidad la llegada al aérea pequeña. Ya no fue ni siquiera un mano a mano porque el fútbol desarrollado por Italia puso angustias en la zaga británica.

La prórroga fue inevitable porque ninguno de los dos equipos llegó con claridad al remate. Hubo más sensación de peligro en los ataques transalpinos que en los ingleses. La diferencia estuvo en el hecho de que la defensa de Bonucci y Chiellini jugó más adelantada. Se perdió el miedo a las contras de los anfitriones. En el encuentro hubo gran diferencia ente los porteros. Pickford tuvo que intervenir más que Donnarumma. Ello fue muestra de la peligrosidad de las delanteras.

En los penaltis Italia estuvo más acertada y la Copa se fue a Roma.