Lo mejor fue la victoria

Cantadas las glorias a Unai Simón, que paró dos penaltis, a Olmo, Gerard Moreno y Oyarzabal que marcador los goles, debemos comenzar a reflexionar sobre lo sucedido frente a Suiza. Sumarse a los aplausos es siempre signo de buena voluntad. Discrepar respecto de algunas de las circunstancias en que se obtuvo tan entusiástico triunfo, no debe considerarse una salida de pata de banco. En los triunfos es ocasión para que se estudien algunas de las razones por las cuales se llegó a momentos tan angustiosos que, afortunadamente, disfrutamos con el final feliz.

La selección española gustó más ante Polonia aunque no ganó. Gustó la reacción frente a Croacia y no se negaron los parabienes. Del comienzo dubitativo a la clasificación para semifinales se ha pasado a un sentimiento euforizante. Se llegó a los penaltis porque el equipo no tuvo en ningún momento un sistema de juego con el que doblegar la bien ordenada defensa suiza. La falta de iniciativa atacante, la ausencia de claridad para sacar el balón desde atrás, obligó a repetir insistentemente los pases horizontales, la persistencia del juego entre los dos centrales. Bastaba la presión de los helvéticos para que a nuestros jugadores se les ocultaran las maneras de romper el acoso. Faltaba el hombre que tuviera la claridad suficiente para ordenar y dirigir los ataques con pases entre líneas con los que buscar el remate a gol. La mayoría de los disparos a la meta de Sommer carecieron de la jugada bien enhebrada. Hubo mucha improvisación y a medida que transcurrió el tiempo creció la ansiedad con lo que faltó claridad en los metros finales.

Hubo que recurrir a los penaltis tras la prorroga porque España contra diez adversarios después  de la expulsión de Freuler, fue incapaz de hallar el modo de ganar con claridad las posiciones de gol. Cierto que hubo varios momentos en que se tuvo el tanto casi a mano. Los remates poco directos y las afortunadas intervenciones del guardameta adversario nos pusieron la victoria en el recurso de los tiros desde los once metros.

Con la victoria es más difícil examinar las razones por las cuales se tuvo que vivir tanto sufrimiento. Tal vez a Luis Enrique le faltó decisión para sentar a tiempos a algunos jugadores que presentaban síntomas de cansancio. En algunos casos pesan demasiados los nombres e incluso las buenas actuaciones precedentes. De nuevo en situación tan conflictiva la faltó valor para alinear a Adama Traoré, jugador heterodoxo capacitado para revolucionar el ataque.

Posdata. Dicen las lenguas de doble filo que Luis Enrique llamó a Traoré porque le gusta conocer gente.