Olés como en La Maestranza

El público de Sevilla echaba de menos las tardes de la Real Maestranza. Dos años consecutivos sin ovaciones y vueltas al ruedo eran rémora espiritual. Ante recuerdos de tales ausencias los aficionados se dieron cita en La Cartuja donde fue posible gritar olés. Fue tarde en la que sumarse a las ovaciones con los reconocimientos a los artistas. Los olés se prodigaron gracias a la extraordinaria exhibición goleadora de la selección española. El equipo el que se acusaba de falta de gol se pegó una “jarta”. Cinco goles fueron motivo suficiente para jalear a los vencedores.

No hubo esta vez padecimiento aunque hubo que aguardar a la media hora para que llegara el primer gol. A partir de ese momento casi coser y cantar. Como si en el ruedo se sucedieran las verónicas pausadas y emocionantes de Curro Romero. Había perdido España la ocasión del penalti marrado y después de la primera diana fueron llegando las demás casi por ensalmo. En tarde en que todo fueron palmas marcó un central, Laporte, y se esmeró Sarabia con un disparo sensacional. En el carrusel de cambios, Luis Enrique dio entrada a Ferrán Torres, que en la primera pelota que tocó, de tacón, como adornándose con media verónica, marcó la cuarta diana. La quinta ya fue el colofón para salir por la Puerta del Príncipe. Sevilla vio a la selección desconocida. La que había pasado con pesadumbre en las dos primeras tardes. 

España se proyectó en pases más verticales que de costumbre, con menos toques, con más avances al primero, persiguiendo cada balón y extremando en la disputa de cada una de las pelotas en discusión y ganando la mayoría de las ocasiones. Y así llegó el penalti del minuto diez, patada que recibió Koke y que Morata enseñó al portero eslovaco. Pero no hubo caída de brazos sino todo lo contrario. La pérdida de la gran ocasión no creó melancolía. España se desvivió en el ataque por ambos lados y con la virtud de Busquets que desde el centro era el capitán que los mandaba junto a las penetraciones de Azpilicueta, que llegó a las proximidades del área para apoyar a Sarabia, llegó el premio a la combatividad. Sarabia se atrevió y su disparo a gol llegó a la media hora. El remate se estrelló en el larguero y el guardameta eslovaco, que detuvo el penalti de Morata y evitó un gol en parada extraordinaria, se armó un lio y se metió la pelota. La desgracia que nos estaba persiguiendo en los penaltis se rompió con el tanto en propia puerta. Y no acabó ahí la historia. Gerard, que persiguió la pelota, la lanzó como regalo de bodas al segundo palo y Laporte que se había quedado todavía en la jugada del córner, de cabeza batió de nuevo la meta eslovaco. Con 2-0 a favor acabó la primera mitad en la que los dos tantos fueron premio a la intensidad.

Fue la tarde en que no hubo que criticar la alineación de Luis Enrique. Llegó Azpilicueta, en plena forma, con veteranía y saber, se creció Busquets a quien hubo que retirar antes del final porque conviene mantenerle para los siguientes retos, Batalló Sarabia, creció Pedri, Alba fue el lateral que busca a Messi y da pases de gol, corrió una maratón Koke, Gerard y Morata se prodigaron aunque no llegaran al premio del gol Thiago dio sensación de su calidad para el puesto en el centro, Traoré dejó con su presencia posibilidades de relevo adecuado. Dicen algunos que también estuvo en el equipo un tal Unai Simón. Ni se notó.