El Madrid dice adioses sin lágrimas

Por boca de Raimundo Saporta, Santiago Bernabéu le ofreció a Di Stéfano el puesto que quisiera en el club menos en el equipo. El jugador más importante de la historia del Real Madrid caló el chapeo, requirió la espada fuese y no hubo nada. Murió como presidente de honor del club. Se fue Vicente del Bosque, jugador campeón y entrenador campeón y acabó por renunciar a la insignia de oro y brillantes que le quiso imponer Florentino Pérez. No ha vuelto. Se fue Raúl, jugador insignia, y no se derrumbó la tribuna del estadio. Salió del club Iker Casillas, emblema, insignia y apodado “el santo” y estuvo a punto de morirse en Oporto. Ha regresado de tapadillo. Se marchó Cristiano Ronaldo y se llevó los goles del Madrid. Sigue en el exilio sin que la entidad llore por él.

La tradición madridista establece que las despedidas más dolorosas se hacen en silencio o en la intimidad. El Bernabéu no se manifiesta. Ha ocurrido con Sergio Ramos. No podrá jugar en el encuentro de reinauguración del Bernabéu. Tampoco se van a caer las grúas que llevan adelante lo que será uno de los más espectaculares recintos futbolísticos del mundo.

Sergio y sus consejeros o mejor sus consejeros, no supieron a quien se enfrentaban. Echarle el guante a Florentino Pérez es desconocer con quien se juega uno los cuartos. Fue claro riesgo pretender doblarle el brazo. Florentino en cuestiones importantes tiene más fuerza que Hércules Cortés (Alfonso Chicharro Lamamié de Clairac) que le ganaba los pulsos televisivos a los más fortachones soldados estadounidenses de Torrejón.

Sergio quería dos años más de contrato. Tiene ya 35 años y ha terminado la temporada en baja futbolística y disminuido por las lesiones. Se le ocurrió la infeliz idea de que quería ser olímpico en Tokio y ni siquiera ha podido acudir a la Eurocopa. Está para recuperarse y volver a jugar con las condiciones que la experiencia le va a aportar. La salida del Madrid no es la que habría deseado. Tiene en su haber todos los grandes méritos de quien ha sido jugador extraordinario y el capitán que los mandaba. Nadie podrá borrar lo que han sido sus dieciséis años en el club. Fue mal aconsejado. Perdió el pulso con Florentino. Quería dos años más de contrato. El Madrid le ofrecía uno con el diez por ciento de rebaja del salario. Finalmente hubo  sonrisas y lágrimas.

Posdata. Dinamarca trató de reaccionar tras la mala jornada en que perdió el partido y sobre todo, a su mejor jugador, Christian Eriksen. Contra Bélgica, selección que apunta a estar entre las mejores, se acercó a la victoria. Los belgas remontaron y acabaron manteniendo la imagen de equipo poderoso.