Mejor juego, más ataque, más remates, cero goles

España dominó creó más juego atacó por ambas bandas con lo que abrió el campo constantemente, buscó jugadas de gol, tuvo remantes en los que el guardameta sueco se convirtió en el salvador de su equipo y los españoles que aguantaron a gran ritmo durante todo el partido, merecieron acabar ganando. Luis Enrique tardó en hacer los cambios que necesitaba el ataque. Cuando contó con Gerard Moreno, el máximo goleador español, 30 tantos en su zurrón,  faltaba solo un cuarto de hora. El delantero del Villarrreal fue un incordio para los defensas suecos y hasta protagonizó el remate de cabeza que pudo haber sido la victoria y que Olsen, de nuevo, invalidó la buena jugada española. Hasta el instante final se vivió la posibilidad del triunfo. Quedó el mal sabor, pese al esfuerzo colectivo por constatar, una vez más, que la selección no tiene el gol que se precisa.

La selección española tardó instantes en dar a conocer sus intenciones. Luis Enrique, independientemente de las dudas de la alineación impregnó en el conjunto un deseo de victoria fundamentada en el dominio permanente en la disputa de todos los balones en las incursiones constantes por las bandas para buscar los posibles errores de los defensores suecos. Fue una exhibición de presión, rapidez en el ataque, y casi instantánea recuperación del balón. Todo era plausible. Cada jugada anunciaba el éxito del gol. Sin embargo, no había modo de hallar precisión en las oportunidades de remate. Y hubo ocasiones que no fructificaron a pesar de las buenas intenciones de Dani Olmo y Koke ambos en dos ocasiones cada uno. Y llegó el momento que podía ser cumbre. Morata se encontró con un balón a modo de carambola de Femando VII. Era lo que se llama gol cantado. Y remató fuera. Luis Enrique y los jugadores suplentes se llevaron las manos a la cabeza. Instantes después los suplentes y Luis Enrique se debieron persignar porque casi fue milagro que los suecos no marcaran. Unai no estuvo lúcido y el remate sueco lo salvó Marcos Llorente debajo del larguero.

Gustó el juego español porque además de intensidad puso inteligencia en las llegadas al área contraria. Por la banda izquierda Jordi Alba emuló las jugadas que le han servido muchos puntos en las llegadas para Messi y repitió su jugada predilecta. Dani Olmo colaboró en tales propósitos y por la banda derecha, Marcos Llorente y Ferrán Torres intentaron abrir la zaga adversaria. Las entradas por las bandas crearon peligros que en un par de ocasiones, con paradas extraordinarias, solventó el guardameta sueco. Con fortuna para los contrarios el partido acabó en empate, pero la sensación del juego español fue esperanzadora.