Las vacunas ya son cuestión política

Creo que hemos perdido el oremus a costa de las vacunas a la selección nacional de fútbol. En la polémica están participando incluso gentes de la política que, en su mayoría, no sienten gran apego por el deporte. Por lo que se refiere al fútbol, las fobias que hasta ahora no habían aflorado en los medios informativos, están tomando terreno y han llegado a las conferencias de prensa con el seleccionador. Luis Enrique está obligado a responder a preguntas que poco o nada tienen que ver con su función técnica. Hay quienes están aprovechando la circunstancia de la vacunación para cargar contra un deporte que no está pasando por el mejor momento de  su historia. Lo realmente preocupante en estos momentos ya no es que se hayan saltado las normas de las edades para vacunar a los jugadores. Pero comienza a aflorar una vieja, antañona y periclitada doctrina según la cual el fútbol era cosa de las derechas y de ahí que pueda aparecer una militante destacada de un partido cuestionando a la selección.

Tras la Guerra Civil cundió la idea de que este deporte no era propio de la gente progresista, ni de los trabajadores que eran narcotizados por el balón. El fútbol tuvo cambio cuando algunos ilustres comunistas celebraban reuniones en su casa viendo un partido de fútbol. Ciertamente, muchos izquierdistas ocultaban su pasión balompédica. La Unión Soviética con los llenazos de sus estadios para ver partidos de fútbol hizo despertar la idea de que se podía ser rojo y forofo del fútbol.

Son salidas de pata de banco pretender a estas alturas de la película cargar contra el fútbol como un mal social. Creo que la polémica sobre la vacunación de los futbolistas se ha perdido en cuestiones más ideológicas que  en realistas. Hay varias selecciones que acuden a la Eurocopa con las dosis recibidas y, teóricamente, con los anticuerpos deseados. En España el error no es que se vacune ahora, sino que se ha hecho tarde. Continuar discutiendo sobre esta cuestión es perder el tiempo. No era de recibo que los internacionales no acudieran al torneo con las condiciones sanitarias precisas. Lo peor ha sido la tardanza en aplicar a los jugadores la necesaria inmunidad.

Es casi esperpéntico que Luis Enrique tenga que entrenar a dos grupos de futbolistas en horarios distintos y con el detalle casi cómico de que los de la segunda burbuja, los que viven en un hotel de la Calle Princesa de Madrid, tengan que salir camino de Las Rozas equipados para jugar y, consecuentemente, sin la necesidad de entrar en los vestuarios en los que conviven los de la primera llamada. Ojalá de aquí al lunes no haya otro positivo.

Posdata. Luis Enrique tiene plazo para modificar la lista de los veinticuatro de su primera lista. La baja de Diego Llorente sería cubierta perfectamente por Raúl Albiol, nombre que olvidó en la primera llamada.