Nos han “dejao” solos

“Nos han dejao solos a los de Tudela” es una coplilla carlista que me cantaba mi amigo Mariano del Mazo Zugazagoitia y que usaba como argumento para restar un padecimiento, como hicieron sus correligionarios que en la ciudad navarra, tras una asamblea, en lugar de llorar la derrota lo hicieron cantando con las copas en la mano. Tal deberían hacer quienes pusieron todo su énfasis en la creación de la Superliga y se quedaron solos por el abandono del resto de correligionarios. El disgusto de Florentino Pérez es importante porque puso todo su empeño en la creación de una competición que tenía visos de aportar dineros suficientes, con el préstamo de JPMorgan, para pagar las deudas de los infrascritos. No es el caso de Laporta y Gil Marín porque Barça y Atlético fueron del ronzal de Florentino. Tienen más que arrepentirse y más que purgar porque aceptaron participar en una empresa que finalmente ha tenido lo que se decía, un chasco.

Me sorprende que esta operación no estuviera bien atada. No me cuadra que una operación llevada a cabo por el presidente del Real Madrid no contara, de entrada, con la adhesión del Bayern y Borussia y de consuno del PSG. Para una operación de este estilo no puede haber cabos sueltos. Puede valer la excusa de que los clubes ingleses fueron coaccionados por sus gentes y fundamentalmente por el primer ministro, pero no hay respuesta al hecho de que alemanes y franceses no estuvieran en el proyecto. El Bayern es club auténticamente singular porque está regido por exfutbolistas, por quienes conocen perfectamente la grandeza y la pobreza del fútbol y de ahí que, además de no unirse a la expedición, Rumennigge ha dado tal vez la clave más importante del problema actual de la administración de los clubes. Para el presidente germano la solución está no solo en contar con más recursos económicos, sino fundamentalmente, en reducir costes.

La crisis económica de los clubes más importantes, que ha proclamado Florentino, está en la obsesión por los grandes fichajes. Ese mercado sobredimensionado se debe a las entidades con afanes tales que entre ellos se crea constantemente la puja por la contratación de los mejores. Son los grandes clubes los que magnifican las figuras y van tras ellas por encima de sus auténticas posibilidades económicas. Han creado una pugna constante para fichar a quienes consideran imprescindibles para el ornato de su gloria. En medio de los deseos de agrandar la competición y consecuentemente los ingresos, están los nombres de jugadores como Haaland y Mbpeé. Estas alegrías que llenan las cuentas corrientes de algunos intermediarios son las que inducen a buscar operaciones como la Superliga. Ha fracasado, al menos momentáneamente, la operación en que con dineros han pretendido ciscarse en los sentimientos.

Posdata. La jornada liguera de esta semana está difuminada por la Superliga. Pero aquí aún hay puntos en juego. Puntos en que se disputan puestos europeos y descensos a Segunda. Aquí, ganar y perder todavía tiene consecuencias emocionales.