La Superliga no gana adeptos

Ser miembro de la organización mundial del fútbol, en sus distintas corporaciones, exige aceptar las normas y respetarlas. De una de ellas se puede salir con tal de solicitarlo de acuerdo con las normas que la rigen. Si los doce de la fama quieren salirse de la UEFA están en su derecho. Mejorar la UEFA, también. Luchar para que cambien las particularidades por las que se ordenan clubes y futbolistas es voluntad innegable. Lo no permisible es estar y no estar. Y sobre todo, recurrir a los tribunales ordinarios por si la UEFA toma medidas contra los miembros de la Superliga.

Hemos entrado ya en el problema de las discusiones jurídicas. Es lo peor que puede suceder cuando lo correcto y posibilista es conversar y llegar al entendimiento. Quienes promueven la Superliga aducen razones económicas y hay quien aporta datos contradictorios. Se prometen 3.900 millones de euros y lo que ya se recauda son 3,600. No parece tan grande la diferencia. Los expertos en asuntos televisivos anuncian rebajas en los contratos porque la pandemia también afecta a las transmisiones sin público en los estadios. Hablando de dineros, Karl Heinz Rumennigge, presidente del Bayern ha sido concreto: “hay que reducir costes.” Y por supuesto para pactar, un mejor reparto de los ingresos.

La cuestión, independientemente de derechos, de las grandes sumas de dinero que proponen con el patrocinio y asesoría de JPMorgan, es estudiar el caso desde el punto de vista estrictamente deportivo. Constituir una competición en la que hay quince clubes que ni sufren ni padecen, porque tienen asegurado la permanencia en el cartel, es vulnerar el auténtico espíritu deportivo que consiste en ganar y perder, en obtener títulos y clasificaciones para grandes eventos, en el terreno de juego. Pep Guardiola, que pertenece al Manchester City, y tiene que defender la postura de su clubs ha dicho, sin embargo, que “no es deporte si no importa perder”. Desde el PSG se afirma que el futbol es deporte para todos. En la misma dirección se ha manifestado el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach. Hay, en definitiva, una respuesta muy mayoritaria, abrumadoramente mayoritaria, que está en contra de la Superliga. Ya han opinado en contra varios gobiernos, incluido el español, y se están reuniendo las asociaciones de futbolistas y de clubes para defender el mantenimiento actual. Entienden que en ello está el fútbol que todos han soñado. Hay nombres de alcurnia que se han sumado a los contestatarios. Lineker, por ejemplo, exjugador del Barça, ha pedido a los dirigentes de la entidad “que demuestren que es más que un club”. Las asociaciones barcelonistas reclaman un referéndum antes de sumarse definitivamente al proyecto de la Superliga.

Posdata. Sin contar con algunos de los clubes más importantes de Europa y discusiones internas en los países a que pertenecen los doce de la fama, la Superliga y la UEFA tendrán que platicar. La propuesta está perdiendo aplausos.