Guerra de ricos contra la UEFA

No es nueva le idea que patrocina la Superliga. Es cuestión de dinero. Ya hubo pugna con la UEFA por la Liga de Campeones y de ahí que hubiera un reparto más generoso del que existía. La UEFA, que ha actuado como intermediaria, como representante del tanto por ciento, tuvo que ceder y ahora tendrá que hacer lo mismo. Ha sido declarada la guerra, pero habrá paz más pronto que tarde. Los doce clubes más ricos de Europa, algunos en manos de fondos buitre y de magnates internacionales, quieren un torneo elitista, nada solidario y, fundamentalmente, dirigido a captar más ingresos. Se habla de cifras que en la actualidad no resisten comparaciones con las actuales. La Superliga llegará, pero tendrá que ser matizada.

Los repartos de los derechos televisivos, en España, ya fueron objeto de discusión que acabó de manera razonable. Madrid y Barcelona, obtenían cincuenta millones y el Sporting, que estaba en la misma categoría, doce. Hubo que llegar al acuerdo de repartir como en el Reino Unido. La mitad a repartir entre todos, un veinticinco por ciento para las mayores audiencias y el veinticinco por ciento restante para los puestos en la clasificación.

Lo que ahora se predica no puede plantearse como una escisión. Los máximos organismos internacionales deportivos exigirán un torneo menos elitista, un campeonato en el que los valores estrictamente deportivos no sean vulnerados. Mantener que entre veinte haya quienes nunca perderán la categoría es malversar lo más genuino del deporte: ganar y perder. Si los resultados no sirven para cambiar de categoría porque se establece que la mayoría está exenta de lo que dicten los resultados es tanto como admitir que el fútbol se divide en clases y siempre hemos hablado de que en el futbol hay tanto sentimiento como economía.

Lo que pretenden los ricos de Europa no tiene, de momento, el beneplácito de Bruselas y tampoco de los organismos políticos y deportivos de Francia y Alemania. El montaje de esta competición tropieza, entre otras cuestiones, con la formación de una categoría en la que hay clubes, como Madrid y Barcelona, y entidades de constitución económica que va del fondo buitre al dinero de grandes inversores. Hay sociedades que incluso cotizan en bolsa. Florentino Pérez siempre ha presumido de que la propiedad del Madrid es de sus socios y por ello ni siquiera es sociedad anónima. Jurídicamente ¿podrá mantenerse esta diferencia en un cartel de negocios?

Los grandes están en su derecho de pedir un torneo con mayores ingresos, pero ello no debe plantearse como una gran escisión. Entre otras razones, porque no está clara la postura que tomen en Francia y Alemania e incluso el Premier inglés se ha manifestado en contra de la idea.

La rebelión no debe llevar a la ruptura porque ella no beneficiaría tampoco a los ricos. La UEFA hará bien en recomponer la Liga de Campeones y luchar para la obtención de mayores recursos económicos que vayan directamente a los participantes. La solución, probablemente, estará en el pacto que lleve a un torneo con más partidos, con más dineros y más espectáculo, pero que no rompa la estructura fundamental del fútbol que son las ligas nacionales.

Posdata. El Barcelona y el Madrid tienen grandes deudas y el Atlético ha sobrevivido en los últimos años con préstamos, entre otros, de Peter Lim y Wanda Jianlin. En el Barça no saben como salir del atolladero porque no hay dineros para renovar el contrato de Messi, ni para fichar otra estrella mundial. En el Madrid la caja, con la pandemia y las obras del estadio, está exhausta. Tiene que vender para fichar a Mbpeé.