No basta con decir no al racismo

El caso Diakhaby, probablemente acabará en tormenta en vaso de agua. A pesar de la gravedad del acto en el que hay que tener presunción de inocencia, pero al mismo tiempo la convicción de que lo que le dijo Cala al jugador valencianista no fue un piropo sino una frase xenófoba, en los órganos federativos el asunto será sobreseído y, para rematar, el jugador ofendido cargará con una tarjeta amarilla de un árbitro que no supo comprender por qué tuvo el arrebato.

Examinadas las actitudes de los dos protagonistas se puede deducir la culpabilidad del cadista. En la trifulca se paseó por el campo con una cara que no mostraba enfado, si es que era falsa la acusación, ni deseo de pedir perdón que era lo que le solicitaban incluso algunos compañeros. Cala mostró un rostro que lo delataba. El valencianista clamaba justicia y ello no era un recurso para cuestionar el partido, como llegó a decir un imbécil que quiso quedar bien con el Cádiz. Este club no tiene por qué pagar las culpas de un jugador aunque está en su papel de defenderle, pero lo inadmisible es que se acabe cargando sobre el ofendido frases que, en mi opinión, agravan más la frase que, aunque no se ha podido grabar, si está en el ánimo de todos cuantos estuvieron en el césped y cuantos vimos el hecho por televisión.

La Federación y la Liga de Fútbol Profesional tienen la obligación moral de entrar en el asunto de manera imparcial y seria y con vistas al futuro deben establecer normas que castiguen a quienes se salen de madre en asunto tan delicado como el racismo.

El resultado de las decisiones que tomen los organismos federativos acabarán siendo un sí es, no es, ni blanco, ni negro. Más, lo grave de la cuestión no va a estar en si se castiga o no a quien se supone autor de la frase racista, sino que en su decisión no aparezca el firme deseo de entrar en el fondo de la cuestión que esta vez ha ocupado a Cádiz y Valencia, pero que en el futuro, dado que hay antecedentes, no se persiga formalmente a quienes son incapaces de moderar sus opiniones.

No es creíble que Diakhaby saliera tras el cadista por un roce puramente deportivo. Si persiguió a Cala fue porque la que oyó le ofendió profundamente. El jugador valencianista lleva en España los suficientes años para no confundir una frase vulgar con un insulto grave.

Fue realmente indigno que a los jugadores del Valencia se les mencionase el peligro de la pérdida del partido y de un castigo de varios puntos si no regresaban al juego. El autor de tal consejo también debe ser, al menos, amonestado por el Comité Nacional de Árbitros.

Posdata. Y para el sábado otro partido del siglo. Esta vez no es novedad que entre Madrid y Barça se jueguen una parte importante de la Liga. El Atlético estará en alerta. La Liga es cosa de los tres.