La Roja crea indiferencia

Lo peor que le podría ocurrir a la selección de fútbol sería la indiferencia. No gusta, no entusiasma y tampoco levanta oleadas de críticas en contra. Hay insatisfacción pero ello no lleva al pesimismo. De momento hay algo
insano: el conformismo. Luis Enrique maneja amplia lista de futbolistas entre los que, indudablemente, hay futuro. Tras los partidos con Grecia, Georgia y Kosovo no se ha podido concluir a qué juega el equipo. Hay indicio y poco más. No existe una formula. No sabemos el sistema que ha de prevalecer. Contra Grecia no se pudo, contra Georgia in extremis y ante Kosovo hubo un momento en que nos temimos lo peor. Se acabó con victoria y como resumen valdría aquello de “fuese y no hubo nada”.

Creo que no hemos tomado muy en cuenta el hecho de la Roja empieza a ser una selección a la que se cita en un aeropuerto para ir a jugar. Ya sé que no es así que los futbolistas se reúnen y tiene alguna sesión preparatoria, mas la composición es muy heterogénea ya que la mayoría se desconocen, no juegan juntos y lo que es peor, de concentración en concentración se distancian y dejan de saber unos de otros. Ya sé que todos tienen la oportunidad de verse en los resúmenes televisivos e incluso en partidos enteros. Ello no es suficiente. Lo que les crea conocimientos futbolísticos es la confrontación en los campeonatos nacionales.

Hasta hace muy pocos años las listas de los seleccionadores se diseccionaban contando el número de jugadores que pertenecían a un equipo u otro. Uno y otros solían ser Madrid, Barça, Atlético, Valencia y Athletic Club, casi fundamentalmente. También hubo un tiempo en que se pensaba en la defensa de uno y la delantera de otro. La idea partía del hecho de que estaban más compenetrados puesto que jugaban juntos cada semana. Los más destacados miembros de la élite española tienen que ponerse de acuerdo en pleno partido. Y si no lo hacen por falta de costumbre hay que cargar contra el seleccionador. Alguien lo tiene que pagar.

Posdata. El sábado era fiesta grande porque se jugaba la final de Copa. Athletic y Real Sociedad se enfrentan en Sevilla y sin público. La pandemia también nos ha robado lo que pudo haber sido el espectáculo colorista y entusiasta de dos aficiones singulares.