Como Santo Tomás, ver para creer

En Barcelona quieren creer que alguno de los aspirantes a la presidencia del club conseguirá parte de las promesas que hacen. En Valencia siguen sin creer que Peter Lim cumpla la promesa de acabar el estadio, que hizo con su acceso a la mayoría accionarial y que ha quedado como monumento de hormigón sin uso práctico. En el Madrid se comienza a creer que Zidane ha tenido aparición milagrosa y ahora piensa en la utilidad de alinear a Isco, uno de los mejores jugadores del club.

Harán bien en el Camp Nou en no volcarse en lo que predican los aspirantes. Seguramente, porque ninguno de los tres podría mejorar de golpe la economía de la entidad que está en la ruina. Lo mejor sería considerar la posibilidad de que el ganador de las elecciones pueda recuperar prestigio y potencial económico en el plazo de tres o cuatro años.

El Valencia, que debería estar en el campo de los aspirantes a Liga de Campeones, está en situación tan precaria que bastante hará con no perder la categoría. Del regreso de su presidente, Anil Murphy, que ha ido a Singapur a ver el oráculo, o sea, Peter Lim, se aguarda que vuelva con la fórmula para que al accionista mayoritario permita acabar el estadio. Del mismo, y la consiguiente venta de las parcelas de Mestalla, depende la economía valencianista. Sucede, que en Valencia hay miles de partidarios de la doctrina de Santo Tomás: ver para creer. Fue el apóstol que para creer en la Resurrección necesitaba poner sus dedos en el costado herido de Cristo.

Habría sido un milagro la actuación de Isco sin no hubiera sido mucho antes de su reaparición en Bérgamo extraordinario jugador. Jugó, seguramente, porque Zidane no tenía otra opción. En partidos anteriores lo humilló, lo dejó en el banquillo y contó con jugadores de la cantera cuya calidad aún está por contrastar. Isco fue bofetada para Zidane porque demostró que es más que un futbolista para minutos de la basura. Creer en Isco no es tan problemático como James o Bale.

Posdata. Están vacunando en el Metropolitano, pero en el pinchazo no se transmite el colchonerismo. De momento, el estadio es centro más sanitario que el Bernabéu. Solo eso.