Simeone no quería ganar y perdió

Era evidente que Simeone no quería perder, pero era dudoso que quisiera ganar.  Un entrenador que plantea el partido con una línea defensiva de cinco jugadores como mínimo y seis en la mayoría de los minutos, ofrece la imagen de conservador a ultranza. Con tal sistema en el centro del campo no quedaban jugadores suficientes para entorpecer los avances contrarios y evidentemente Joao Félix no se hallaba, Correa se perdía y Luís Suárez era el náufrago que aguarda que al menos una patera le ofrezca ayuda.

Con un juego tan rácano Suárez tuvo una oportunidad y en jugada casi inesperada hubo oportunidad para Lemar. Por el contrario el equipo dominador, el Chelsea, que poseía el balón constantemente, que lo recuperaba casi inmediatamente, no tenía facilidades para intentar el gol. Oblak no tuvo que hacer intervenciones estelares aunque por el dominio de los ingleses tuvo a los atacantes más cerca de lo que un guardameta desea. El planteamiento de tan pobre espíritu acabó cargando sus culpas con un gol validado por el VAR, que puso al Chelsea en gran ventaja para la vuelta ya que en esta ocasión el anfitrión era el Atlético.  En uno de los múltiples ataques londinenses, Giroud tuvo la oportunidad de rematar de preciosa chilena y marcar el tanto del partido. Giroud estaba en claro fuera de juego, pero lo deshizo Hermoso que previamente tocó el balón. El árbitro consultó y le confirmaron la validez de la diana.

En el Chelsea se produjo la circunstancia de que sus defensas, Azpilicueta, Marcos Alonso y Rudiger tuvieron protagonismo en los ataques. Ante un conjunto que no pretende otra cosa que mantener la trinchera no sorprende que con el achicamiento lleguen cerca del área rojiblanca, además de los zagueros, centrocampistas como Kovacic y Jorginho.

Para la segunda parte se esperaba mejoría en el juego colchonero porque de continuar lo visto no se podía aspirar a otro resultado satisfactorio que no fuera el empate y con ello el partido de vuelta no podía ofrecer grandes ilusiones. No hubo caso aunque después del gol hubo más ímpetu rojiblanco. Simeone terminó por buscar la heroica y cambió de un tirón a tres futbolistas para dar entrada a Dembelé, Torreira y Lodi. No había mucho que hacer porque en esos minutos finales el Chelsea también sabía defender su ventaja.

El Atlético se fue de Bucarest sin encontrar a Joao Félix, sin proporcionar ocasiones para que Luis Suárez alcanzara algún remate prometedor. El equipo del Metropolitano, que se había distinguido con Simeone de recibir pocos goles, lleva una campaña en la que en ocho partidos seguidos su meta ha sido perforada. De ello no es culpable Oblak, que sigue siendo un gran portero. Tampoco cabe culpar de ello a las varias lesiones y enfermedades que han castigado a la plantilla. Simeone se tiene que poner a pensar.