La Liga aún tiene recorrido

Basta con que comencemos a doblar las campanas a fin de anunciar el título de Liga para el Atlético de Madrid para que los badajos desafinen los toques. Todo anunciaba que esta vez sí y otra vez hay que poner en duda la cuestión. Los resultados del Madrid habían propiciado una ventaja envidiable que hacía presagiar que en febrero o principio de marzo tendríamos que dejar de discutir por el campeonato. Pero faltaba que el propio Atlético diera su opinión. Faltaba que se asentara y se hiciera a la idea de un año glorioso. Los más acérrimos colchoneros se lamentaban de su mala suerte. En año en que iban a ser campeones no lo podrían celebrar por la pandemia. No habría manifestación en Neptuno, ni manifestación gloriosa por las calles. Tampoco festejo mayor en el Metropolitano. Y ahora hay más pesimismo. Todo porque en cuatro días han acercado al Madrid, que es quien más asusta por su acoso a la primera plaza.

El Madrid ganó en Valladolid pese a que el entrenador apenas contó con el número suficiente de futbolistas para componer la lista de convocados. Ganó porque Casemiro acudió al rescate, cosa que ya ha ahecho más de una vez, y marcó el gol que proporcionó los tres puntos y la cercanía al primer puesto. Es cierto que al Atlético todavía le queda un partido por recuperar y ello puede conducirle a aumentar la distancia, pero el ambiente ya no es el mismo. No ha sido capaz de ganar al Levante en dos partidos y el del Metropolitano acabó de manera casi grotesca. Oblak, como hacen algunos porteros cuando se lanza un córner en la portería contraria, y es la última o penúltima jugada, subió al área levantinista. No hubo remate colchonero y en la contra, con toda rapidez, De Frutos, aprovechó la ocasión propicia y obvia para disparar desde lejos y a puerta vacía y marcar la segunda diana. Con ello se entiende que se abrió nueva página en la Liga.

El Barça ya no está dispuesto ni a ser tercero en discordia. Empatar en casa con el Cádiz ha sido una de sus últimas muestras de fútbol sin valor. La humillación ante el PSG ya ha sido la sentencia por lo grande. De aquí a final de campeonato tal vez no le queda otra misión que la de ir tratando de no perder pie en el cuartero que clasifica para la Liga de Campeones. Esta meta la conseguirá salvo que se empeñe en lo contrario. Remozar la plantilla para la próxima campaña va a ser, de acuerdo con sus finanzas, un quiero y no puedo.

Posdata. Los partidos de Liga de Campeones han puesto sobre la mesa la realidad de la competición española. Nuestros clubes ya no son el deseo de todas las grandes figuras mundiales. Se anuncian años de mediocridades.