La guerra de los cambios

El fútbol tiene la ventaja sobre otros deportes de que puede jugar con los sentimientos y, como consecuencia, cualquiera que sean sus medidas nunca pueden ser estudiadas como algo solo relacionado con el mundo empresarial y económico. Siempre deben estar más allá de las decisiones económicas porque a los aficionados les vale más la permanencia cercana de sus clubes, que la creación de los grandes expresos europeos. Hemos entrado en la etapa en que los clubes potentados pretenden crear una Superliga, cerrada sin derecho de admisión y desde los planos federativos se considera imprescindible crear una competición en la que no se pierdan los lazos de unión con las ligas nacionales. Estamos en la guerra de los cambios.

Entre la Federación Española de Fútbol y la Liga del Fútbol Profesional no ha habido nunca cohesión, ideas compartidas, amistades razonables y programas razonados. Cada estamento lucha siempre por el poder y los dineros. En este momento, la Federación entiende que el futuro requiere cambio radical. Desde un punto de vista pragmático se afirma que la Primera División está sobrepasada en número de participantes. La composición de veinte clubes ha tenido antecedentes en que ha habido desde catorce a dieciséis y dieciocho. Excepcional fue un año en que jugaron veintidós para resolver una cuestión política en la que no hubo valor para tomar la decisión de no aceptar a dos que lucharon por su plaza.

Los grandes europeos están por la labor de conseguir la Superliga en la que únicamente entrarían tres o cuatro clubes españoles y ello llevaría a nuestra Liga a ser torneo de segunda división. Los patrocinadores de la liga de los grandes aspiran a quedarse con el manso y la esquila. Y encima forzar la obligación de dejarles las mejores jornadas para ellos. Por ejemplo, los sábados.

La Liga de Campeones ha tenido varias ampliaciones desde los tiempos en que jugaban cuatro amigos. Fue el Real Madrid el club que sugirió el cambio para que hubiera liguillas y no se resolviera la competición en eliminatorias a  bote pronto. El porvenir anuncia cambios sustanciales en los torneos futbolísticos. Lo que deberían hacer los organismos afectados es platicar y llegar a ententes que por una vez fueran cordiales.

Las competiciones futbolísticas nacionales e internacionales precisan grandes cambios. Convendría que no hubiera guerras. A todos les vendrían bien acuerdos en los que no hubiera tiros en los pies. Antes de acudir al campo revolucionario deben pensar en los sentimientos de los aficionados. Merece el mismo respeto un osasunista que un madridista y si ello no se entiende no daremos pasos adelante.

Posdata. La Liga actual es un milagro. Se juega a pesar de las muchas lesiones musculares y los casos de coronavirus.