Ahora, salvar los Juegos Olímpicos

Había que salvar el puente de la Constitución y ya sabemos en qué paró. Había que salvar las Navidades y tenemos constancia de lo sucedido. Había que salvar el fin de año y Reyes y no hay telediario que no nos comunique en que han parado tantas celebraciones. Los deportes más populares, el fútbol en primer lugar, se han salvado contractualmente con las televisiones con partidos a puerta cerrada. Ahora hay gentes que promueven la operación de salvar los Juegos Olímpicos. Tokio se resiste a nuevo aplazamiento que costaría muchos millones y en esa operación cuenta con el favor de comités olímpicos incluido el español,

Deportes tan sacrificados como atletismo o natación, además de las múltiples disciplinas que ocupan el calendario de las dos semanas y pico de los Juegos, cuentan con deportistas que se sacrifican durante cuatro años preparándose para competir en el mayor espectáculo deportivo del mundo. Si uno se pone en la piel de los atletas cualquiera que sea su especialidad tiene que acercarse a lo que debe ser perder cuatro años por nada. No cabe otra postura que la solidaridad con quien tanto sacrificio ofrece, con quien dedica algunos de los mejores años de su juventud por un ideal que se magnifica porque desfilar en la jornada de inauguración en el estadio olímpico es la compensación a tanto esfuerzo y a tantos renuncios.

Si a estas alturas de la pandemia se dice a quienes no han dejado de entrenarse pensando en Tokio, que el viaje no va a ser posible es para que cientos o quizá miles de ellos anuncien su renuncia para siempre. La decepción olímpica no tiene reparación. No es algo a lo que se pueda volver poco tiempo después. Cuatro años de preparación olímpica pueden ser borrón sin cuenta nueva. Si definitivamente se suspende la celebración de los Juegos habrá que mostrar solidaridad con quienes seguramente, no hallarán consuelo a tal pérdida. Por encima de lo que podría considerarse pérdida de millones en subvenciones y salarios a los deportistas olímpicos estaría el dolor justificado de quienes verían truncadas las mayores ilusiones deportivas de su vida.

Por el momento no creo que crezca la depresión si muchos no ven claro el porvenir, pero por si acaso, habría que comenzar a predicar que los Juegos están en el aire. Seguramente, se podría crear la burbuja dentro de la cual convivieran los miles de participantes y sus cuerpos técnicos, así como los miles de los representantes de los medios informativos pero si la pandemia mantiene al ritmo actual participar sin público sería casi una pantomima. Sin público, sin aplausos, sin himnos, sin expresiones propias del deporte, sería como películas en blanco y negro. El deporte vive de las emociones y sin ellas es preferible echar el cierre y esperar a que escampe.

Posdata. Algunos futbolistas desechados por Zidane están triunfando en sus nuevos equipos. Pero Bale sigue sin novedad.