Zidane y Koeman, dos víctimas

La victoria del Athletic Club en la Supercopa, en la que ha reivindicado la música, por la trompeta de Villalibre, ha aportado dos víctimas notorias y no tres porque la sanción a Messi es cuestión aparte. Los derrotados del torneo han sido Zidane y Koeman. Marcelino les mojó la oreja alineando un equipo solidario, con fe en el triunfo y esfuerzo constante de principio a fin, para hacer verdad que no siempre la calidad es suficiente.

Zidane ha alternado semanas en las que le han tocado las palmas y semanas en que lo mejor que le ha pasado es que hubiera silencio. Mas los acontecimientos no son satisfactorios del todo porque además de no liderar la Liga hay derrotas que son infamantes cuando se producen ante equipos de menor cuantía, caso del Cádiz, y surgen las críticas de quienes suelen defenderle porque en las derrotas hay decisiones que duelen. Por ejemplo, mantiene al belga Hazard porque tiene que justificar su fichaje y no hay modo de que este chico responda a las expectativas que levantó cuando fue contratado con el aura de los galácticos. Su permanente mirada hacia jugadores con historial le ha impedido constatar si Vinicius es jugador con porvenir o se ha parado y sólo está para unos minutos.

Zidane tardó tiempo en hallar el equipo más o menos idóneo cuando recurrió a la vieja guardia. En los momentos de apuro los cambios efectuados han tenido dos características fundamentales: los hizo tarde y no todos eran oportunos.

Koeman tiene vitola de barcelonismo por su pasado como jugador y está haciendo esfuerzos para componer un once en el que se note su mano al contar con los jóvenes. Tuvo mala fortuna cuando se lesionó Ansu Fati y, por el contrario, ha tenido cierta fortuna porque el casi siempre desaparecido Dembelé está asomando más que en campañas anteriores.

Koeman ha tenido una actitud incoherente con respecto a la plantilla. Permitió que Luis Suárez saliera del equipo para quedarse con Braithwaite y ha proclamado constantemente que Aleñá y Riqui Puig debían buscarse una salida. El primero la encontró y el segundo, al que sigue menospreciando, recurre a él en momentos complicados. Es incompresible que un futbolista al que no aprecias sea la pieza básica para conducir el juego en los minutos de desespero.

Messi ha salvado la expulsión con dos partidos de castigo. Las imágenes ofrecidas veinticuatro horas después del conflicto le conceden cierta comprensión. Villalibre le estaba acosando y en falta. La reacción no puede ser perdonada pero no podía pasar de los dos partidos de sanción.

Posdata. Peter Lim no sabe de fútbol ni que el balón es redondo. Cree que el negocio para el Valencia consiste en vender y adquirir jugadores de medio pelo, pero siempre cedidos. Nada de comprar. No sé si así se hizo rico, pero lo que es en Mestalla arruinará por completo a la entidad.