La tele puede con lluvia, frío y nieve

Los clubes de fútbol no han resuelto todavía los problemas que les plantea seguir ingresando buenos millones de euros por las transmisiones televisivas y las obligaciones que ello conlleva. En tiempo de pandemia y cuando encima ha nevado lo que no constaba en los antecedentes ligueros, han tenido que surgir complicaciones para fijar horarios y desplazamientos. En el calendario actual hay jornadas en las que es casi imposible conceder a los futbolistas el descanso necesario para acometer nuevos partidos. Este fin de semana ha habido que suspender encuentros y ha habido viajes que no se recordaban desde los tiempos que a algunos jugadores les tocó empujar el autobús en el que viajaban porque el puerto se había puesto imposible.

En tiempos que los veteranos recordamos perfectamente era habitual acudir a la estación de Atocha para entrevistar a jugadores que provenían de una ciudad y tenían que empalmar con otro tren camino del norte. Los más protegidos viajaban en cochecama y para muchos desplazamientos había que recurrir al autobús, con bolsita con bocadillo y agua mineral, y no importaban las horas del viaje aunque para ir de Madrid a Coruña, pongamos por caso, había que hacer noche en Lugo. Ahora, los contratos televisivos obligan a que se juegue aunque el césped no esté en las mejores condiciones, que aunque tengan algo de nieve, como ocurrió en Pamplona el terreno estaba mucho más practicable que los tradicionales de San Mamés y Atocha. Los barrizales eran el mayor inconveniente, pero la costumbre no obligaba a buscar excusas.

De la nieve de Pamplona, no la que he visto en otros momentos, se quejaron Zidane y Courtois. Del mismo escenario no opinaron lo mismo Butragueño, delegado del club y Tony Kroos. Éste dijo la frase más brillante de la noche cuando afirmó que el campo era igual para ambos equipos, Yo vi un Madrid-Las Palmas en el Bernabéu en plena nevada. No se suspendió. Acabó en el minuto 90.

Es bastante frecuente que se discuta por los horarios y, de vez en cuando, por una cuestión televisiva, se llega a decir que tal club está favorecido porque tiene un día más de descanso. El reparto de los ingresos es mucho más razonable y justo que el que se vino practicando durante años en los que un club se llevaba cincuenta millones y otro, solamente doce. Hubo que romper con la tiranía que imponían especialmente los dos más grandes. Les costó aceptar que la Liga no la jugaban ellos dos solos y, consecuentemente, el reparto había que hacerlo con baremos muy diferentes.

El calendario está muy apretado y con los partidos de Copa del Rey, torneos europeos, más los de la selección, es casi imposible aplazar un partido por nieve o lluvia. Sospecho que si algún día llega la Superliga de Europa los componentes de la misma no osarán poner trabas a jugar con el frio de Moscú o el calor asfixiante de Nápoles. Y me temo que, llegado el caso, nadie discutirá sobre los horarios. En lo dineros estará el final de las discusiones. Y la paz.

Posdata. La lluvia obligó a parar la final de Copa Valencia-Deportivo porque la lluvia clamaba por el Arca de Noé en el césped. Llovió tanto que Madrid se colapsó y el Metro cerró líneas. Excepción.