VAR, VOR e interpretación

La implantación de VAR en el fútbol es un avance aunque se puedan discutir algunas de sus decisiones. La tecnología es ventaja indiscutible y aplicarla no es someterse a imposiciones de tipo autoritario. A mi entender, el problema que sigue suscitando polémicas y opiniones contrapuestas, no tiene nada que ver con los instrumentos de los que se puede servir el arbitraje para impartir justicia. La cuestión fundamental reside en el fondo del sistema: sigue dirigido y sentenciado por árbitros y estos, tanto en el campo como delante de los televisores que aclaran situaciones, no siempre ven los asuntos palmarios. Creo, y de ello ya hablé en cierta ocasión, que el VAR debe seguir utilizándose y pese a que continuamente entraremos en discusiones por el hecho de que actos similares sean juzgados de manera diferente.

Los árbitros juegan con dos ventajas. La primera, la ausencia de espectadores que les presionen. La segunda, que en caso de duda responsabilizan a quienes dictaminan frente a las imágenes. Estamos viviendo la época en que ante las situaciones que la mayoría ve sin duda alguna los responsables del arbitraje, en el césped y en el VOR, acaban por recurrir al argumento de que el problema era de interpretación. Recurrir a tales sutilezas es echar balones fuera. Lo perverso está en que las interpretaciones no se justifican mínimamente. Los árbitros no han aclarado todavía sin han aceptado una lección de anatomía para diferenciar el brazo del hombro, es decir, dónde empieza el brazo y dónde el hombro. Los jueces del campo y de las cámaras continúan opinando de manera distinta los casos en que dar con el brazo el balón es penalti y cuándo no.

Los embrollos dialécticos que protagonizan algunos cuando quieren dar explicaciones son para echarse a temblar. Por ejemplo, el señor Hernández Hernández, que expulsó a Gayá por empujón y señaló penalti, rectificó para dejar solo en tarjeta amarilla y mantener el penalti después de admitir que el jugador del Valencia no había empujado a Griezmann, hábil nadador barcelonista. También esto fue caso de interpretación. Algunos árbitros que están ya en la reserva y opinan en medios informativos afirmaron que no había habido penalti. Pero ni siquiera con el VAR se aclaró. Fue la interpretación.

Posdata. Es vergonzante prohibir unos miles de espectadores en el Bernabéu, Camp Nou o Metropolitano, a cielo abierto, y aceptar cinco mil en el Palacio de los Deportes de Madrid para oír cantar. Esto sólo lo puede defender un “enchufao”.