El Barça se redimió en Turín

El Barcelona como los viejos ojos encarcelados necesitaba la redención de penas por el trabajo. En Turín no podía conceder a mínima ventaja a la Juve y para ello era preciso que todo el equipo jugara con entusiasmo suficiente para que el adversario no hallara facilidades. Antes del primer cuarto de hora el juego que en ambos contendientes tenía un frenesí extraordinario, decantó el marcador para el Barça en jugada personal de Dembelé, que encontró la colaboración indeseada de Chiesa que ayudó al desvió del balón hacia la portería juventina. Nunca podrá el Barça relatar tantas oportunidades de gol y sumar tantos errores en el remate final. Ni siquiera Messi, tan certero siempre, acertó a batir al meta juventino en ocasiones de las que nunca se le han escapado. Afortunadamente, en el minuto noventa, de penalti, consumó la victoria de su equipo. Tampoco Giezmann tuvo tino en sus remates y por ello el resultado fue demasiado tiempo incierto. Más por los errores barcelonistas que por los peligros creados por el equipo de Pirlo.

Se jugó a tal velocidad que los dos conjuntos hicieron del partido un ir y venir constante aunque los mayores peligros los creó el Barça. Al término de la primera parte ya había creado media docena de oportunidades para ampliar el marcador. El equipo italiano tuvo en Morata autor de tres tantos, anulados por fuera de juego aunque en el segundo, además, el madrileño se ayudó con un brazo para rematar.

Lo insospechado fue que Messi no tuviera la puntería necesaria para inclinar la victoria hacia los suyos. Tampoco tuvo fortuna Griezmann que estrelló un trallazo en el poste. La Juve trató de anular a los barcelonistas con presión muy alta y hubo momentos en que estuvieron a punto de encontrar rédito. Sobre todo, porque junto al juego de frenesí hubo futbol de gilipollez, que no es otro que el de tratar de jugar dentro de la propia área pese al peligro que ello supone dado que menor error, como en el circo, cuesta la vida del artista.

Pirlo hizo la alineación posible dada las bajas, fundamentales las de Cristiano Ronaldo y Chiellini y Koeman volvió a apostar por Pedri que tuvo que hacer trabajo laborioso para no dejar a Jordi Alba a la intemperie cuando la Juve buscaba el ataque por esta banda. Pjanic volvió a ser titular, pero le sentó muy mal en los primeros momentos. Dos de los graves peligros del contrario los creó él con errores inadmisibles. Parecía que no quería perjudicar a su exequipo, sino lo contrario.

El Barça encontró en Turín su redención. Tras los errores en España, en Liga de Campeones ha pasado a ser líder de su grupo y ha ofrecido un juego poco parecido al de los mejores momentos. Sin caer en las definiciones rimbombantes y excesivamente benevolentes, esta vez, por encima de la Juve pasó un equipo que quiso parecerse al de tiempos añorados. Fue partido de superioridad manifiesta.