La derrota pudo haber sido muy humillante

Dos goles en el segundo tiempo, obra de Modric y Vinicius, estuvieron a punto de ser la espoleta de un nuevo estallido eurocopero del Real Madrid. El equipo, dominado y en momentos ninguneado por el buen juego, la presión y la rapidez de los ucranianos, hizo gran esfuerzo por remontar, pero esta vez no se consumó lo de aquellas noches en las que noventa minutos en el Bernabéu eran muy largos. Al Madrid le faltó entusiasmo para contrarrestar los contragolpes del adversario y buena vigilancia para abortarlos. Con gran rapidez los llevaban a cabo Marlos, Marco Antonio, Dentinho. Dodó, y Teté y Solomon. En todas las ocasiones los defensores madridistas fueron burlados. Les salvó de la vergüenza Courtois, que invalidó las varias oportunidades de gol resueltas en los mano a mano en los que lo más complicado era aguantar la llegada del contrario sin perder la compostura. Con más acierto ucraniano la derrota madridista habría sido más que humillante.

Cuando el árbitro pitó el final de la primera parte no había ninguna condición futbolística de relieve que se pudiera adjudicar al Real Madrid. Cuando los jugadores se fueron al vestuario, los ucranianos casi podían lamentarse por no haber aprovechado las dos primeras ocasiones claras de gol que habían protagonizado mientras el Madrid seguía sin enterarse de qué iba la función. Cuando Courtois, que se volvió a lucir sobre todo en una parada marca de la casa, con los pies, recibió la primera diana debió pensar que sus compañeros se harían a la idea de que había que reaccionar. Cuando le llegó la segunda, con la intervención involuntaria de Varane, que marcó para evitar que lo hiciera Dentinho, debió barruntar que aquello podía ser peor. Cuando recogió el balón por tercera vez de dentro de su portería ya llegó a la conclusión de que quienes vestían de blanco no se parecían a los que él creía que eran sus compañeros de oficio. Sobre todo, porque ninguno de los diez, salvo algún momento circunstancial, se fajó con el contrario, presionó para arrebatarle la pelota y jugó al fútbol corriendo que es como se ganan ahora los partidos. En el juego actual no basta con poseer buen toque de balón. Hay que tener en las piernas la potencia de un atleta y en la cabeza la claridad de quienes ha de romper inteligentemente las barreras que opone el adversario.

El Shakhtar puso en el campo dos líneas de cuatro y cinco jugadores para completar una tejida zona por la que el Madrid se sentía incapaz de cruzar. La defensa madridista, con una zona media que ayudaba muy poco defensivamente y era incapaz de cortar los avances ucranianos, se vio desbordada con tanta frecuencia y con llegada tan franca a las proximidades del guardameta del Madrid, que la goleada con el 0-3 del primer periodo resaltaba casi para celebrarla porque pudo ser herida más grave. En la segunda, cuando Modric y Viniciuis habían alentado las esperanzas, los errores en ataque del conjunto visitante posibilitaron que se llegara hasta el último minuto con jugadas en las que los zagueros ucranianos ya despejaban como podían y no conduciendo eficazmente el balón como habían hecho. El Madrid tiene que dar las gracias por derrota que difuminó lo que pudo haber sido y no fue.