Falta el goleador

El fútbol ha catalogado, tradicionalmente, como jugadores valiosos a los goleadores. Todos los grandes clubes cuentan en sus historias los beneficios alcanzados, incluidos los títulos, con futbolistas que hicieron del gol la magnificencia de su profesión. No hay ninguna entidad que no guarde como las mejores medallas a aquellos que elevaron la importancia del equipo a base de goles. Desde la infancia, todos los niños, además de tener ídolos concretos, hemos alcanzado pasiones por las grandes tardes en que nuestros equipos lograron la victoria gracias a la eficacia de los delanteros. Tradicionalmente, ha existido el delantero centro, el ariete, el hombre al que ha habido que vigilar muy de cerca porque siempre se dijo que concederle un palmo de terreno era padecer el mayor de los castigos.

No hay club que no tenga en su pedestal al hombre de las grandes tardes. En Buenos Aires, los seguidores del San Lorenzo de Almagro, Vigo Mortensen entre ellos, aún tienen en su memorial los cuatro goles que le marcó Isidro Lángara el día de sus debú al River Plate. Lángara, por cierto, sigue siendo el delantero de la selección de mayor porcentaje goleador. Ahora, en la selección española hay ausencia de un jugador que en el área sea eficaz finalizador de las jugadas.

La escasez de goles de la Roja ha hecho que surjan las polémicas sobre la conveniencia de jugar con el ariete, o prescindir del mismo dado que hay en el historial cierta teoría sobre el llamado falso 9. Ahora hay que discutir con el seleccionador por la conveniencia de arriesgar por un hombre con sed goleadora. En los tres últimos partidos se ha marcado un tanto y fue casi un regalo del equipo suizo.

Sobre el tapete para discutir, están los nombres de Gerard Moreno, Rodrigo, Morata, Alcácer, Diego Costa y Yago Aspas. Luis Enrique ha descubierto un extremo que ha de protagonizar grandes tardes, pero si Adama Traoré ha de ser el hombre que proporcione jugadas de gol habrá que contar con que en el área le aguarden jugadores que estén en el sitio adecuado en el momento oportuno. Contra Ucrania, España acabó poniendo a Sergio Ramos como delantero centro. El defensa posee lo que se llama olfato de gol. No es solo eficaz lanzador de penaltis. Ramos acude a los remates de cabeza como lo hacían grandes genios de esta especialidad. De Zarra se llegó a decir que poseía la mejor cabeza de Europa después de la de Churchill.

Se fue Villa, todavía máximo goleador histórico, y no se vislumbra quien pueda sucederle. De los nombres de la selección solamente se discute a De Gea lo que produce en Luis Enrique cierta molestia, pero lo que se pronostica incierto es el hombre que ha de abrir huecos entre los defensas y llegar al remate a gol. Sin goles no hay títulos y España, por ahora, juega a no perder porque ganar le cuesta más.

Posdata. El delantero goleador es una bicoca. Menos para el Barça que ha vendido a Luis Suárez.