La emigración se abre hueco

El empate con Portugal y el juego desplegado, fundamentalmente durante la primera parte, ha creado cierto grado de optimismo al comprobar que la nueva generación puede acabar abriéndose hueco en el panorama europeo. Conviene, sin embargo, hacer análisis conservadores porque aún no existe el conjunto, todavía no hay un once definido y el seleccionador precisará seguir haciendo pruebas hasta llegar a la conclusión de cuáles son los puestos que tienen dueño. El jugador que más llamó la atención, y sobre el que se han marcado los mayores elogios, fue Adama Traoré, nueva aportación del mundo de la emigración.

La arribada del jugador de Hospitalet del Llobregat es una pieza más del puzle en el que se va convirtiendo el equipo nacional. La globalización y las llegadas de familias extranjeras está aportando la presencia de jugadores en los que se confirma el futuro en el que las razas diferentes van a formar parte de una selección en la que hasta los apellidos van a resultar familiares. Traoré no es el primer jugador llegado del mundo africano o suramericano que ha hallado puesto en el equipo nacional. En la última llamada ha faltado Thiago por cuestiones médicas y en el siglo pasado llegaron a la alineación titular nombres como Di Stéfano, Kubala y Puskas por citar a los más renombrados porque también hemos visto varios nombres provenientes de Suramérica.

El puzle no tardará en tener apellidos de origen rumano, búlgaro o ruso porque son muchas las familias que viven entre nosotros y citaremos dentro de muy poco un portero apellidado Craioveanu, o similar, o un delantero centro Romanof. Por cierto que con éste u otro apellido le vendría bien a la selección. Dio la impresión de que a pesar del buen partido de Gerard Moreno a la delantera le faltó chispa rematadora. Una figura que recordara a David Villa, el máximo goleador histórico de la selección nacional, sería la guinda al pastel de Luis Enrique que ya anuncia dulces placeres futbolísticos.

Contra Suiza y Ucrania tal vez veamos extremos como Adama y Ansu Fati. Nada que ver con Basora y Gaínza. O Amancio y Gento o Epi y Gorostiza. Bienvenidos los hijos de la emigración.

Posdata. Luis Enrique, al alinear a Kepa, ha tratado de salvar un guardameta de la gran estirpe vasca que en Inglaterra están menospreciando.