Bale y Hazard, dos caras, dos monedas

En el Real Madrid hay dos misterios que ponen encanto a las polémicas de comienzo de temporada. Bale viajó con su selección, Gales, y ha regresado lesionado. Hazard lo hizo con Bélgica, pero el seleccionador, el español Roberto Martínez, no le dio un solo minuto en dos partidos. A Bale no le importa seguir en el banco de las suplencias porque lo que desea es marcharse. A Hazard, que tuvo dos lesiones en un tobillo en la pasada campaña, lo que le impidió demostrar que su fichaje de gran estrella no había sido un error, vuelve al club con la preocupación que debe sentir Zidane cuando conoce por boca de Martínez que no está para jugar, porque le faltan muchos días de entrenamiento. Hazard no es el mismo asunto que Bale. Entre ambos hay la gran diferencia de que uno desea triunfar y justificar la inversión que hizo el club y el otro, que ha costado una fortuna, en traspaso y salarios, quiere que le dejen salir libre y sin beneficio alguno para la entidad.

Hazard es el caso del futbolista al que le cuesta triunfar, pero normalmente acaba dando el rendimiento esperado. No plantea problemas al club, ni al entrenador. No hay en él la mínima rebeldía. La cuestión principal radica en su estado físico, que según ha manifestado Martínez, necesita gran preparación para recuperar las sensaciones de gran jugador y con ello estar a la altura de lo que el Madrid considera que debe ser su participación.

Gareth Bale es un problema que requiere tratamiento psicológico. Necesita que alguien le haga entrar en razón para comportarse como un profesional y no como individuo que en fútbol protagonice una especie de timo de la estampita, Siempre ha sido un gran futbolista. Se pensó en él como el estandarte una vez Cristiano estuviera fuera del equipo. Ha jugado algunos partidos magníficamente, pero su trayectoria es muy irregular. Es difícil confiar en él porque incluso ha llegado al extremo de decirle al entrenador que no quería viajar a Manchester para el partido con el City. Se cisca en las normas de la casa, en su relación de compañerismo y no responde a ningún tratamiento para que se reincorpore al equipo del que está ausente no solo físicamente, sino mentalmente,

El Madrid ve complicada la solución. La ideal sería que llegara una oferta para el traspaso, pero no hay tal. Tal vez también habría que exigirle a Zidane que tomara medidas en el caso. No se llevan bien, pero quien tiene la obligación fundamental para recuperar al futbolista es el entrenador. Si ello es imposible siempre caben actitudes que al menos le toquen los costados. Pero parece que tampoco esta medicina se le aplica.

Posdata. Estamos en vísperas del comienzo de la nueva Liga y seguimos con la incógnita de viernes y lunes. Sigue el pleito.