Messi y el Barça, del laberinto al 30

El problema de Messi es una especie de juego de la oca. Los protagonistas de la cuestión van “del laberinto al 30”. Es decir no se avanza, sino que se retrocede. El Barça se mantiene en sus trece como el Papa Benedicto y Messi y sus asesores tratan de no enmendalla. El club mantiene que el jugador no puede salir del club de rositas porque tiene contrato en vigor y una cláusula de rescisión de 700 millones. Messi, su padre y quienes les asesoran, entienden que la temporada oficial no terminó en  junio, sino que lo hizo después porque hubo que jugar varios partidos aplazados, incluidos los de Liga de Campeones, con lo que llegamos a agosto. La Liga de Fútbol Profesional se ha alineado con el club barcelonés. A la FIFA se le supone partidaria de conceder el transfer, aunque provisional, porque prima más el derecho al trabajo que desea el futbolista.

Messi no se ha presentado a las pruebas CDR como sus compañeros y tampoco acudirá a los entrenamientos. La directiva barcelonista considera que esta actitud es declaración de rebeldía. Con opiniones tan contradictorias vamos del 30 al laberinto. Tal y como se van desarrollando los acontecimientos todo parece indicar que el jugador se irá por las malas al City de Guardiola y el club acudirá a los tribunales. El pleito se resolverá en España y podría suceder que el jugador fuera condenado a pagar la cláusula. O lo que se estime.

Por muchas vueltas que se da a la cuestión de lo que no se puede escapar es del hecho de que Messi no se ha comportado debidamente. Ha tenido un arrebato injustificado. Si su deseo era salir del Camp Nou lo lógico, lo sensato, habría sido acudir a la negociación. Desde el punto de vista deportivo no sería buen final para la entidad. Económicamente sería operación muy beneficiosa porque además de ahorrarse los cien millones de euros de la temporada, en pacto entre caballeros al City le podría haber arrancado más de cien millones de euros. El Barça en esta operación habría conseguido tapar el aguajero del déficit de esta campaña. Messi serviría para ello como Neymar cuando emigró a París.

El Barcelona y Messi saldrán tocados. Para el club, en principio, más adelante ya veremos, será desdoro perder a quien ha sido mejor jugador del mundo y pretende seguir siéndolo. Para el jugador su salida le creará mala imagen ante quienes le han adorado. El burofax no ha sido salida educada y, menos aún, caballerosa. Club y futbolista se han enredado de tal manera que ambos saldrán del asunto con  mala imagen.

Posdata.  No puede haber pacto entre caballeros. Todos se comportan como lo que son.