El Bayern, la tradición, ganó la final

Ganó el Bayern, club gestionado a la manera tradicional. Entidad dirigida desde hace años por grandes jugadores, por los emblemas futbolísticos de su historial. Perdió el París Saint Germain, sociedad anónima gestionada por dineros llegados del petróleo, equipo formado a base de grandes dispendios. En la final, una vez más, jugaron once contra once y como dijo Lineker ganaron los alemanes. Jugaron mejor los vencedores. Lucharon sin tregua para obtener la victoria que llegó en la segunda parte con un gol de Coman. El triunfo lo consiguió, en lo tocante a las dianas un jugador que no figuraba en el cartel anunciador. Las grandes maniobras se esperaban en Neymar y Mbpee. Y no ocurrió tal. Por parte germana la posibilidad de marcar estaba en Lewandoswki y Muller. En realidad tal vez los mejores de cada conjunto fueron Keylor Navas y Neuer. Éste fue ejemplo de piernas largas, de guardameta que se echa al suelo para despejar el balón como un jugador de campo. Con las piernas salvó más de un tanto francés.

Las grandes finales tienen prolegómenos dedicados a los goleadores de cada equipo. En ellos se supone que estará el resultado final. Pocas veces se piensa en la importancia que pueden tener los porteros. En el PSG-Bayern ocurrió que los artilleros marraron sus remates y los guardametas fueron barrera infranqueable. Mandó en la primera mitad el equipo muniqués y los primeros agobios los tuvo Keylor Navas. Lewandowski lo asustó con un tiro al palo. Antes hubo ocasión para que Neymar se luciera y se topó con Neuer. Di María tuvo su momento y no remató debidamente. El partido discurrió por fases en las que había más tranquilidad que grandes acosos. No obstante, Lewandowski volvió poner a prueba a Navas y Mbpee tuvo su gran oportunidad y no la aprovechó. Neuer salvó en triple intervención la mejor ocasión creada por Mbpee. Probablemente soñará con ella.

En el equipo francés se esperaba la actuación estelar de Neymar y Mbpee, pero ambos anduvieron un tanto desasistidos durante muchos minutos con lo que su equipo no presentó credenciales de ganador. Afortunadamente, en los últimos minutos del primer tiempo creció la intensidad y llegaron momentos en que se presintió el gol. Pero no más. También en los minutos finales, acuciados por el marcador en contra, los jugadores del PSG trataron de enmendar los errores cometidos y a lo épico tampoco les resultó.

El Bayern impuso mayor intensidad. Su gran labor en recuperar la pelota les sirvió para desorientar a los adversarios que pasaron por trances en los que les pareció que todo era inútil. La gran baza de Neymar y Mbpee no resultó. Una vez más se demostró que los equipos se construyen sin medidas circenses. Se hacen contrayendo cada temporada la línea más firme posible y no con figuras que piensan más en su exhibición que en el juego solidario.