El Sevilla, a lo gran campeón

El Sevilla ganó su sexta Liga Europa como un gran campeón. No se encogió cuando casi sin haberse colocado en el campo recibió un gol de penalti. Supo reaccionar y su extraordinaria decisión la mantuvo hasta el final del partido ante el Inter que intentaba, nervioso y torpe llegar al nuevo empate. Hizo auténtica exhibición de fortaleza física hasta el extremo de que lejos de mantenerse a la expectativa y conservar la ventaja se decidió a presionar con el fin de que el contrario no pudiera llegar a su área. Si lo hizo en dos claras ocasiones en las que Lukaku marró la primera y en la segunda Koundé despejó la pelota que se colaba y era el tercer tanto italiano. Mantuvo el Sevilla su buena colocación, su ímpetu en la disputa y la superioridad física hasta el último instante. Cuando lo normal era que el cansancio se apoderara del equipo se mantuvo más entero que el Inter. Así se ganan los títulos, con equipos que se entregan de principio a fin y, junto a su indudable calidad, muestran un compromiso por el triunfo que solamente merece el aplauso general. El Sevilla salvó el honor en el final de los campeonatos continentales, pero en Colonia además del honor se proclamó héroe del futbol español en dos semanas en que el Madrid no llegó a los partidos decisivos al ser eliminado por el City, Atlético cayó aunque con proyección y el Barça hizo el ridículo universal.

A la final de cualquier competición siempre se le debe pedir gran espectáculo, emociones y jugadas en las que se pueda reconocer que los dos finalistas han llegado por méritos propios y sobre todo, por ser los mejores el momento. Sevilla e Inter de Milán no concedieron un suspiro para dejar sentado que iban a proporcionar un partido de gran calibre y que iban a protagonizar un juego sin restricciones mentales, sin ocultamientos, que todos los participantes se iban a entregar a la función con el mejor de los ánimos.

En menos de un cuarto de hora se estableció que iban a jugar de poder a poder y sin decaimientos. El gol de penalti de Lukaku no amilanó al Sevilla batido a los tres minutos del encuentro. El afán, el carácter luchador del Sevilla se manifestó tan pronto que antes de que los espectadores tomásemos nota de que la defensa interista era vulnerable De Jong ya había establecido el primer empate. Llegó como era previsible, con un centro de Navas, el estilete por el que llegaron las primeras jugadas en que el equipo italiano mostró menos firmeza de la que se supone siempre a un equipo de su liga, De ahí en adelante un hubo tregua. Ningún jugador renunció a la disputa de un balón, nadie se conformó con lo que establecía el marcador y por ello en el último cuarto de hora de la primera parte, De Jong, volvió a marcar, esta vez al centro medido y perfecto de Banega. Godín, también de cabeza, alojó el balón que le envió Marcelo en la portería de Bono.

Era previsible que el Sevilla que se ha afincado en este torneo como campeón casi vitalicio, no renunciara a imponerse al interista. No cejó en sus incursiones por ambas bandas y dejó para la segunda parte la solución al, problema que presentaba un adversario que no concedía el mínimo respiro y contaba con el poderío físico y técnico de Lukaku a quien es difícil sujetar.

El portero, Bono volvió a ser pieza fundamental. En mi opinión más que De Jong, el doble goleador.