El otro virus chino es futbolístico

El Real Club Deportivo Espanyol de Barcelona ha descendido a Segunda. Es uno de los grandes clubes y a pesar de haber recuperado presencia en la capital catalana, no ha conseguido mantenerse. El club pasó a manos del empresario chino, Chen Yangsheng. La administración de éste ha sido tan perjudicial como el coronavirus. Los empresarios venidos de aquella zona no han sido los más expertos en materia deportiva. La excepción ha sido Wanda Jianlin, que tuvo la decisión de invertir, de ayudar en este caso al Atlético de Madrid, sin pretender su dirección. Chino de Singapur es Peter Lim, accionista mayoritario del Valencia, que tampoco ha sabido dirigir la entidad. Lo de Espanyol y Valencia es el otro tipo de virus: el que se transforma en empresarios sin ningún acierto en materia futbolística.

El club barcelonés fue fundado por catalanes católicos. El Barcelona, por el contrario, lo fue por extranjeros y de religión luterana. Hubo un tiempo en que ambas entidades se pelearon por ocupar la primacía catalana. Los de Sarriá, los periquitos, se mantuvieron en primera línea hasta que comenzaron a caer económicamente. Su desgracia acabó con la venta de Sarriá y la construcción de un campo moderno pero entre Cornellá y El Prat..

Siempre se le denomina Espanyol de Barcelona porque existió el Español de Madrid, club que llegó a disputar dos años consecutivos la final de Copa que era el campeonato de España. Fue en los años 1909 y 1910. En la primera final perdió, 3-1, con el entonces llamado Club Ciclista de San Sebastián. En la segunda oportunidad cayó por 3-2 con el Barcelona.

La dirección del equipo ha sido nefasta. Los cambios de entrenador han tenido funesta consecuencia. Ahora, se ha tenido que hacer cargo del banquillo Rufete, que estaba en la dirección deportiva. El propietario del club, míster Cheng, ha tenido el buen gusto de confesar que de la desgracia futbolística de la sociedad ha tenido importante culpa. La plantilla ha tenido cuatro entrenadores y ello no bastado para enderezar el rumbo. El Español, con ciento veinte años de historia, ha descendido lo que no había ocurrido desde hace veintiséis y cuando ya se había asomado a las competiciones europeas.

Lo del Valencia es, en parte, similar. El equipo estaba bien dirigido por Marcelino, en el césped, y Mateu Alemany en la secretaria técnica. Peter Lim, que manda desde Singapur, ha hecho y deshecho y ha puesto a la sociedad más que en cuarentena porque económicamente no ha mejorado y futbolísticamente ha perdido el norte. En Leganés ni siquiera con Voro, que es talismán, pudo ganar. Y encima su mejor hombre, Parejo, desperdició la oportunidad del penalti con que fue castigado el equipo madrileño.