Dos goles antes de sentarse

De haber habido público, muchos celtistas, los que llegan con el tiempo justo, no habrían visto el gol de Morata. No se había consumido el primer minuto y en la primera jugada, por la banda derecha con Arias, Correa y Morata llegaba la diana que probablemente también muchos aficionados si  no encendieron el televisor a su debido tiempo tuvieron que aguardar a la repetición de la jugada para comprobar que el Atlético había tardado na y menos para abrir el marcador en un campo en el que el anfitrión precisa los puntos porque ha de nadar y guardar la ropa por si le acosan desde los puestos de descenso. La oración se volvió por pasiva y en el minuto 49, también con gente sin volver del bocata al televisor Fran Beltrán marcó un gol de remate casi inverosímil y si el tanto de Morata supuso un cambio en el juego rojiblanco el del empate impulsó al conjunto vigués. Vivimos dos mitades en los que se alternaron los poderes.

El Celta jugó sin algunos hombres fundamentales como Dennis Suárez, Nolito, Santi Mina y Rafinha y, en ocasiones, bajas tan importantes se notan desde el comienzo. Los dos últimos entraron en el campo cuando ya se había consumado el empate, pero dieron nuevo aire a sus compañeros. Simeone debe sentirse feliz porque cuenta con un elenco en el que hacer rotaciones no supone peligro alguno. Puede hacer distintos equipos sin que ello suponga merma de calidad y fortaleza mental y física. No importa que no estuvieran Carrasco, Costa y Joao Félix. Le bastaban los guerreros de siempre, los Jiménez, Koke, Saúl y Thomas para fortalece la zona de corte y confección. El juego de ataque lo tenía garantizado con la banda derecha en la que Arias, Correa y “Pedigrí” Llorente enlazaban con facilidad y llevaban el balón al área celtiña.

Tras la igualada Cholo cambió piezas. Retiró a Thomas, Llorente y Lodi y dio paso a Lemar, Vitolo, Herrera y Manu Sánchez. Los cambios de ambos conjuntos valieron para que el juego estuviera más igualado y cada grupo continuara luchando por sus objetivos fundamentales. El empate satisfizo más al Celta que al Atlético. El Celta se despegó nueve puntos del Mallorca y el Atlético sólo se quedó con tres de ventaja sobre el Sevilla que le persigue.

Voro, entrenador bombero del Valencia, controló el fuego, pero no lo apagó. Han quedado rescoldos. En cualquier momento pueden volver las llamas. El Valencia venció al Valladolid con una gran jugada, que le valió el primer gol y una acción individual, el extraordinario disparo del joven coreano Kang In que le escondió el balón a Masip en el rincón de las ánimas. El resto de lo que expuso el equipo valenciano se puede resumir  en la buena actuación de Kondogbia, dos paradas de Jaume, que pudieron haber sido la victoria vallisoletana, momentos de inspiración de Parejo, que finalmente continuó acusando el cansancio por el esfuerzo al que ha estado obligado toda la temporada. Lo demás fue defenderse de cualquier manera frente al Valladolid que ejerció mayor dominio, más cercanía al área contraria y siempre más esfuerzo. El equipo de Mestalla pasó por muchos minutos en los que se le pudo recriminar falta de pasión. Escasez de alma. Con ese bagaje  Voro no puede seguir siendo la solución de los muchos y profundos males de la plantilla.

El entrenador mestallista alineó un lateral debutante, Andrés Guerrero y en el conjunto faltaban, por diversas razones, Gayá y Ferrán Torres que dan aire por las bandas. El conjunto pucelano, pese a que compareció con notables bajas, se merendó a los valencianistas especialmente en la segunda parte. Sobre todo, tras lograr el igualada en el minuto 47. El tanto lo marcó Víctor Garcia, valenciano para más señas. Los seguidores vallisoletanos pueden sentirse satisfechos, No ganó su equipo, pero hizo méritos para ellos y su clasificación este año está fuera de peligro mucho antes de lo sucedido el pasado.