Valencia y Villarreal, vidas poco paralelas

El Valencia entró en crisis el día en que los miembros de su Fundación vendieron la mayoría de acciones al singapurés Peter Lim, individuo que prometió el oro y el moro y no ha vendido el Micalet porque no ha podido. Tenía que vender Mestalla y acabar la construcción del nuevo estadio y la promesa se la llevó el viento. Durante su mandato han pasado por el banquillo seis entrenadores. Ahora, como siempre, para apagar el incendio tras la destitución de Celades, un error en su contratación, ha tenido que recurrir a Voro, hombre del club a quien toca siempre resolver los problemas que le dejan los entrenadores destituidos.

En medio de las constantes tormentas ha habido un periodo de calma con Marcelino como entrenador y Mateu Alemany como director general de la entidad. Con ellos se enderezó el rumbo de la nave, que pese a ganar la Copa el año pasado, con Li siempre va al pairo. A Lim le debe gustar vivir en el cabo de las tormentas y de ahí que cuando sopla el viento a favor arríe las velas. Lo hizo destituyendo a Marcelino y Mateu. A partir de ese momento no ha habido serenidad en las decisiones tanto deportivas como económicas. Los malos resultados de ahora, tres derrotas consecutivas, Eibar, Villarreal y Athletic Club, son consecuencia de la deriva. En Villarreal, además, el equipo fue deportivamente humillado. Un veterano que ha salido de una lesión de dos años, Cazorla, en la que le llegaron a pronosticar que haría mucho si podía caminar, le dio un repaso, auténtica tunda.

La única buena noticia para el propietario fue que Mestalla estuviera vacío. Lo decepcionante no es que perdiera el partido con dos errores de defensas en medio campo que se tradujeron en los goles de los bilbaínos, sino la sensación de impotencia. Voro, que ha sido el ungüento de Cañizares para curar los diviesos del equipo, tal vez tenga que echar mano de los antibióticos. El Valencia está cerca de la gangrena es herida que supura clostridium. La infección ha llegado de Singapur.

La imagen del Villarreal es completamente distinta. No solo por los  resultados que lo están poniendo al borde de Liga de Campeones, sino por ser modelo totalmente opuesto. La administración del club por parte de  Fernando Roig, uno de los más importantes empresarios del azulejo español, es ejemplarizante en cuanto se refiere a la parte económica. No hay alegrías que el club no pueda soportar y mantiene una cantera ejemplar de las que todos los años ascienden jugadores al primer equipo. El Villarreal es empresa muy familiar en la que cada uno sabe a qué atenerse. Todos los años aspira a mantenerse en Primera y si este objetivo se logra lo demás es palomino de añadidura para los domingos.

El Levante que es el tercer club de la Comunidad no aspira a los grandes expresos europeos y su marcha se ajusta a la administración moderada y en la que hay años en que después de comprar barato se vende caro. El puesto del Levante es el de segunda fila digna y la mantiene.